Una producción austera y verde de "La novia vendida" en el Teatro Real de Madrid
En "La novia vendida", la ópera cómica de 1870 del checo Bedřich Smetana, que se estrena este martes en Madrid, el vestuario es reciclado, hay muebles y cacharros rescatados de la basura, traídos de sus casas por los trabajadores o hallados en los almacenes del Real.
Tres nubes de 2,5 toneladas de muebles y enseres viejos forman parte de esta nueva producción operística con voluntad de sostenibilidad y aprovechamiento, con fórmulas del "arte povera", el movimiento artístico radical italiano.
Las tres nubes miden 12 metros de largo por 6 de alto, aparecen suspendidas en el primer y segundo actos, y evocan, en la escenografía diseñada por la francesa Caroline Genet, las casas de los campesinos checos.
La obra de Smetana, con libreto del escritor nacionalista Karel Sabina, tenía la ambición de inaugurar un género nacional checo dentro de la ópera, en plena construcción de las identidades entre los pueblos centroeuropeos del imperio austrohúngaro.
Ambientada en Bohemia, la ópera narra las andanzas de la alegre campesina Marenka, que ha sido prometida en matrimonio con un hombre al que no conoce, cuando en realidad ama a otro.
Es una obra "muy influenciada por el folclore checo", explicó el director musical del Teatro Real, Gustavo Gimeno, con la que Smetana quiso librarse, precisamente, de la acusación de "no ser lo suficientemente checo".
El resultado fue una obra "a la vez cómica y dramática", que se mueve "continuamente del drama a la comedia de verdad, incluso a la comedia burlesca y caricaturesca", explicó Laurent Pelly, director de escena de esta coproducción del teatro madrileño con la Ópera Nacional de Lyon, la Ópera de Colonia, y el Teatro de La Monnaie de Bruselas, a donde viajará luego.
(U.Gruber--BBZ)