Cabo Verde, remanso de tolerancia para una comunidad LGBT+ cada vez más reprimida en África
Leonardo, un apasionado del maquillaje, cree que tiene "mucha suerte de haber nacido en Cabo Verde", un remanso de tolerancia en África, donde las leyes contra la comunidad LGBT+ son cada vez más represivas.
"El maquillaje tiene un gran poder, y me encanta cuando transformo a las personas, o cuando me transformo yo mismo", dice sonriente a la AFP este maquillador profesional de 29 años mientras da los últimos retoques al look de una cantante para un videoclip.
"Es una pasión desde que soy pequeño, siempre me ha fascinado la feminidad", añade 'Léo', como lo llaman en Mindelo, la segunda mayor ciudad del archipiélago, en la isla caboverdiana de Sao Vicente, donde puede asumir libremente su homosexualidad.
Esa noche, Léo Oliveira se mueve con soltura entre los técnicos y los músicos, sin miedo a ser insultado o agredido, ni a ser denunciado y enviado a prisión.
Reconoce de entrada que es consciente de que tiene "mucha suerte de haber nacido en Cabo Verde". "Aquí estamos más seguros en comparación con muchos países", insiste.
La homosexualidad es legal en Cabo Verde desde 2004 y la discriminación laboral relacionada con la orientación sexual está prohibida desde 2008.
Según el índice Equaldex, que evalúa los derechos, las leyes y la opinión pública en el mundo, el archipiélago es actualmente el país de África más acogedor para la comunidad LGBT+, por delante de Sudáfrica.
Frente a Cabo Verde, Senegal aprobó en marzo una ley que duplica las penas que reprimen las relaciones homosexuales, de cinco a diez años de prisión, en un contexto marcado por una serie de arrestos por supuesta homosexualidad.
Más de 30 países o territorios africanos prevén penas de prisión que pueden ser muy severas.
Entre las diez islas del archipiélago, Sao Vicente acoge a la más numerosas comunidad LGBT+ del país.
- Apoyo maternal -
Léo dice que siempre supo que era gay. Afirma sentirse "seguro, ahora", pero admite haber tenido dificultades en la infancia.
"Cuando tenía 10 años, salía de casa hacia la escuela, pero con frecuencia no llegaba a ir, a causa del acoso", recuerda.
A partir de los 21 años decidió vivir solo y asumir maquillarse y vestirse para resaltar su parte femenina, caminando por las calles de la mano de su excompañero, sin encontrarse con problemas.
Su seguridad procede sin duda también de la relación de complicidad que mantiene con su madre, Manuela, de 51 años.
"Mi madre siempre me ha apoyado; nunca me ha hecho preguntas", dice.
"Estoy realmente orgullosa de él, porque ha luchado para alcanzar sus objetivos", confía ella.
- "Paraíso" -
Prueba de que el archipiélago es una excepción en África es una escena poco habitual que tuvo lugar allí a finales de mayo, en Mindelo, ante los ojos de periodistas de la AFP.
Durante dos noches, tres actores de teatro -Walter, Alessandro y Stephan- representaron, ante un público entusiasta de varias decenas de personas, una obra que relataba las dificultades, el rechazo homófobo de ciertas familias y los casos de violencia sufridos por tres travestis del barrio de Fonte Filipe, en Mindelo, donde vive un gran número de miembros de la comunidad LGBT+.
En la vida cotidiana, Walter Pires, de 37 años, es profesor de educación física en Santo Antao, una isla cercana a Sao Vicente. También bailarín y actor talentoso, se reivindica abiertamente gay y es una figura carismática de la comunidad.
Walter afirma que no se siente discriminado en Santo Antao y que es respetado por sus alumnos.
"Hoy vivimos casi en un paraíso (en Cabo Verde) y las nuevas generaciones son más abiertas y respetuosas, pero es después de mucho trabajo" de sensibilización, señala.
"En el pasado, ha habido abusos y muchos de nuestros amigos fueron expulsados de sus casas o perdieron sus empleos".
Es una situación que vivió Sindji Cawinny, de 29 años, que es transgénero y aceptó reunirse con la AFP en Mindelo, de donde es originaria. Pero fue en la isla de Sal donde "se asumió", después de los 18 años.
Una vida que tuvo que abandonar hace tres años, después de que la dueña del restaurante donde trabajaba le exigiera que dejara de maquillarse y de vestirse de mujer en el trabajo.
- Situación "preocupante" en otros países -
"Dejé ese trabajo, no iba a dejar de hacer lo que me gustaba por su ignorancia", dice.
Desde entonces, trabaja por su cuenta en eventos en Mindelo y da clases de pasarela para concursos de belleza.
"Me di cuenta de que si soy un gay que se viste de hombre es más fácil conseguir trabajo; me gustaría seguir con mi vida de transgénero, pero estoy resignada".
Janette da Graça, de 31 años, profesora de inglés y artista, es gay y se empeña en una tarea de sensibilización y defensa de los derechos de las personas LGBT+.
"Es posible que al ver lo que está pasando en Senegal la gente empiece a cuestionar cosas también para nosotros en Cabo Verde", reflexiona.
Le resulta "preocupante" que, mientras los derechos de las personas LGBT+ han avanzado, algunos países den marcha atrás.
(B.Hartmann--BBZ)