La guerra con Irán se alarga y complica las opciones de EEUU
Los ataques de Estados Unidos e Israel mataron al líder supremo de Irán, pero el régimen iraní sigue en pie y guarda muchos ases en la manga, alejando el fin de la guerra.
Dos semanas después del inicio del conflicto, el suministro mundial de petróleo sufre asfixia y los ataques iraníes a aliados de Washington en Oriente Medio son incesantes.
El 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron el ataque, el líder supremo Alí Jamenei murió en un complejo en la capital iraní junto a decenas de altos cargos.
El Gobierno fue decapitado, pero rápidamente se designó a un nuevo líder supremo, su hijo Mojtaba Jamenei.
La estrategia de eliminar a los líderes "nunca ha sido eficaz" en las guerras entre Estados, apunta el profesor estadounidense Robert Pape en su libro "Bombing to Win" (Bombardear para Ganar).
Las autoridades iraníes estaban preparadas. "Hemos tenido veinte años para estudiar las derrotas militares estadounidenses al este y al oeste de nuestra frontera inmediata. Hemos aprendido las lecciones", dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi.
"La defensa en mosaico descentralizada nos permite decidir cuándo y cómo terminará la guerra", aseguró.
Esta defensa en mosaico "es un concepto estratégico iraní que se desarrolló en 2005 tras los cambios de régimen estadounidenses en Afganistán e Irak", recuerda el investigador francés Élie Tenenbaum, del centro de reflexión Ifri.
"El régimen parece estar casi intacto", señala por su parte el investigador Ali Vaez, del Crisis Group.
Gracias a sus misiles y drones relativamente baratos, Irán ha respondido llevando la guerra a los países del Golfo, pero también a Turquía, Irak y Chipre.
Y gracias al movimiento Hezbolá, su aliado, ha sumido a Líbano en el caos.
Como consecuencia, el precio del crudo se dispara, el tráfico aéreo disminuye y turistas y directivos abandonan los países del Golfo, rompiendo su imagen de estabilidad.
- Caja de Pandora -
"Sabíamos que [el ataque contra Irán] iba a abrir la caja de Pandora", lamenta el investigador saudita Aziz Alghashian, del Gulf International Forum.
Pese a ello, tanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como su secretario de Defensa, Pete Hegseth, se muestran serenos.
El primero exigió una "capitulación sin condiciones" y el segundo aseguró que "hemos definido objetivos y los perseguimos".
"La Administración estadounidense ha sido sin duda presuntuosa al creer que tenía todas las cartas en la mano", estima Jonathan Paquin, de la Universidad Laval en Quebec.
Washington "se embarcó en este conflicto pensando que podría ganar a bajo coste. Sin embargo, está sufriendo costes", subraya Nate Swanson, del Atlantic Council.
Militarmente, Estados Unidos consume una enorme cantidad de estos proyectiles defensivos "muy costosos y lentos de producir", recalca en ese sentido Tenenbaum.
Diplomáticamente, la guerra irrita a los países del Golfo y, en términos políticos, es un riesgo para Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
El mandatario estadounidense "ha subestimado ciertamente el impacto económico de la guerra en la energía; la población estadounidense sufre por el coste de la vida", subraya Paquin.
Según el investigador francés Clément Therme, del Ifri, Irán podría convertirse a largo plazo en un "Estado zombi", que se mantiene al mando gracias a su aparato de seguridad, pero "que ya no cumple sus funciones porque está desorganizado, no logra recaudar impuestos ni exportar petróleo".
Trump tiene ahora diferentes opciones, todas arriesgadas.
"Lo más probable es que revise el concepto de victoria, dejando de lado la idea de rendición o de cambio de régimen, y que diga: 'Hemos hecho el trabajo, los objetivos se han cumplido, ahora le toca al pueblo iraní'", estima Paquin.
Swanson, en tanto, indica tres hipótesis: detener la guerra y declarar la victoria, "redoblar la apuesta, con tropas en el terreno" o bien "fomentar una oposición armada" para transformar la guerra en un conflicto interno.
(G.Gruner--BBZ)