Berliner Boersenzeitung - Ataque que paraliza al mundo

EUR -
AED 4.097449
AFN 71.405838
ALL 90.616631
AMD 401.812176
ANG 1.996881
AOA 1024.222003
ARS 1713.62359
AUD 1.586729
AWG 2.011067
AZN 1.901136
BAM 1.949248
BBD 2.247416
BDT 138.524382
BGN 1.950072
BHD 0.421299
BIF 3348.664286
BMD 1.11571
BND 1.425553
BOB 13.529886
BRL 6.07404
BSD 1.115884
BTN 105.894855
BWP 15.416733
BYN 3.286955
BYR 21867.912013
BZD 2.244137
CAD 1.557179
CDF 2582.868583
CHF 0.919211
CLF 0.028029
CLP 1106.739931
CNY 7.431859
CNH 7.423714
COP 3564.257673
CRC 507.410374
CUC 1.11571
CUP 26.778989
CVE 109.89512
CZK 24.353323
DJF 198.284384
DKK 7.473331
DOP 67.635085
DZD 151.572144
EGP 62.471162
ERN 16.735647
ETB 180.144444
FJD 2.503323
FKP 0.834157
GBP 0.833173
GEL 2.905153
GGP 0.834157
GHS 12.999654
GIP 0.834157
GMD 82.562922
GNF 9875.80474
GTQ 8.530327
GYD 233.890121
HKD 8.751695
HNL 29.991191
HRK 7.552251
HTG 146.193844
HUF 365.770399
IDR 20257.942776
ILS 3.508417
IMP 0.834157
INR 105.955892
IQD 1691.514361
IRR 2084608.919934
ISK 136.009279
JEP 0.834157
JMD 177.313208
JOD 0.791082
JPY 175.639543
KES 144.89766
KGS 97.567376
KHR 4552.758153
KMF 492.028411
KPW 1004.138774
KRW 1488.758952
KWD 0.347165
KYD 0.92987
KZT 505.929434
LAK 25123.453969
LBP 99922.520078
LKR 371.142489
LRD 189.679884
LSL 18.595196
LTL 3.294401
LVL 0.674882
LYD 7.172858
MAD 10.971273
MDL 19.973579
MGA 5047.215888
MKD 61.373706
MMK 2342.889781
MNT 4014.19357
MOP 9.016372
MRU 45.247533
MUR 52.751181
MVR 17.238138
MWK 1934.449804
MXN 20.968745
MYR 4.527778
MZN 71.305434
NAD 18.595196
NGN 1501.980106
NIO 41.06198
NOK 10.263084
NPR 169.431569
NZD 1.980129
OMR 0.42899
PAB 1.115989
PEN 3.862019
PGK 5.077909
PHP 71.054021
PKR 308.685923
PLN 4.404209
PYG 6537.027277
QAR 4.067528
RON 5.337002
RSD 117.453044
RUB 90.005057
RWF 1647.141366
SAR 4.188821
SBD 8.990619
SCR 15.366815
SDG 671.103544
SEK 10.959674
SGD 1.42586
SHP 0.834925
SLE 25.553845
SLL 23395.881486
SOS 637.665207
SRD 41.972449
STD 23092.94018
STN 24.418688
SVC 9.763183
SYP 14506.458423
SZL 18.59018
THB 37.692586
TJS 10.270839
TMT 3.904984
TND 3.336784
TOP 2.686361
TRY 55.727254
TTD 7.56557
TWD 36.423355
TZS 2946.810525
UAH 50.610698
UGX 4742.208913
USD 1.11571
UYU 44.860819
UZS 13383.494263
VES 990.169911
VND 28789.217736
VUV 133.012093
WST 3.094869
XAF 655.957
XAG 0.022737
XAU 0.000287344858
XCD 3.015262
XCG 2.010941
XDR 0.788865
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 263.534658
ZAR 18.66081
ZMK 10042.73102
ZMW 22.500973
ZWL 359.258099
SSP 6409.974876
MXV 2.363292

Ataque que paraliza al mundo




La guerra desencadenada el 28 de febrero de 2026 entre Estados Unidos, Israel e Irán ha evolucionado en pocas semanas desde una operación militar quirúrgica hasta una crisis global. Lo que comenzó como un intento de destruir las instalaciones nucleares iraníes y debilitar al régimen se ha convertido en una campaña de decapitación y destrucción de infraestructuras que amenaza con paralizar gran parte de la economía mundial. Tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei y de figuras como Ali Larijani y Gholamreza Soleimani en los primeros días del ataque, el gobierno israelí declaró que ningún responsable iraní estaría a salvo. Mientras los cazas israelíes y estadounidenses bombardearon instalaciones militares, misileras y centros de mando, el régimen iraní respondió con una estrategia de desgaste: lanzar drones y misiles contra bases estadounidenses, ciudades israelíes y, sobre todo, nodos energéticos en el Golfo Pérsico.

El ataque a South Pars y Ras Laffan
La escalada cobró una dimensión distinta cuando Israel bombardeó la sección iraní del campo gasífero South Pars, que junto con la planta catarí de Ras Laffan forma el mayor yacimiento de gas natural del mundo y suministra más de las tres cuartas partes del gas que consume Irán. La Guardia Revolucionaria respondió atacando Ras Laffan, responsable de aproximadamente el 20 % del gas natural licuado mundial, provocando daños extensos en el complejo. Los directivos de QatarEnergy estimaron el coste de las reparaciones en unos 20 000 millones de dólares y advirtieron de que cerca de 12,8 millones de toneladas anuales de producción quedarían fuera de servicio durante varios años. El Brent se disparó un 60 %, hasta rozar los 119 dólares por barril, y muchos economistas alertaron de que un solo dron o misil que alcanzara su objetivo bastaría para conceder a Irán una victoria estratégica.

Esta ofensiva sobre infraestructuras energéticas no se limitó a Catar. En cuestión de horas, la Guardia Revolucionaria lanzó misiles contra la refinería de Haifa en Israel y contra otras plantas en Yanbu (Arabia Saudí), Mina Abdullah y Mina Al Ahmadi en Kuwait, generando incendios y cortes temporales. La capacidad de Teherán para alterar la producción de petróleo y gas y para bloquear la navegación en el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del crudo mundial— se ha convertido en su principal baza para sobrevivir al conflicto.

Una guerra económica y política
La operación israelí, bautizada como Rugido del León, pretende desmantelar el complejo militar-industrial iraní. Según fuentes militares, más del 80 % de las defensas aéreas iraníes han sido neutralizadas y la producción de misiles balísticos ha pasado de un centenar al mes a prácticamente cero. La ofensiva también ha destruido fábricas de misiles en Tabriz y Jorramabad y ha atacado instalaciones nucleares renovadas en Natanz e Isfahán. Sin embargo, pese a las pérdidas, el régimen iraní ha demostrado una sorprendente resiliencia. Tras la muerte de Jamenei, la Asamblea de Expertos designó rápidamente a su hijo Mojtaba como nuevo guía supremo y el poder se dispersó entre comandantes de la Guardia Revolucionaria y clérigos conservadores. Analistas señalan que el sistema iraní fue diseñado para soportar la pérdida de líderes y que su estrategia se basa en la resistencia prolongada más que en la victoria rápida.

Irán ha intensificado sus ataques con drones y misiles contra Estados Unidos, Israel y las monarquías petroleras del Golfo, afectando infraestructuras energéticas clave. En paralelo, la amenaza de destruir completamente las instalaciones de sus vecinos si continúan los bombardeos ha llevado a Catar, Turquía y otros países a reclamar un alto el fuego inmediato. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y el daño infligido a refinerías y gasoductos han obligado a Washington a plantearse la posibilidad de levantar sanciones al petróleo iraní que ya se encuentra en alta mar para mitigar la crisis energética.

Reacciones políticas y discursos encontrados
Las declaraciones de los líderes evidencian la polarización del conflicto. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, advirtió de que el asesinato de dirigentes iraníes sienta un precedente peligroso en las relaciones internacionales y denunció que el «ojo por ojo» puede desestabilizar el orden mundial. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, afirmó en redes sociales que la ecuación del ojo por ojo está en vigor y que su país responderá con cero contención ante futuros ataques. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asegura que su país y Estados Unidos están ganando la guerra y que Irán carece ya de capacidad para enriquecer uranio o fabricar misiles balísticos. El expresidente estadounidense Donald Trump, deseoso de evitar una escalada incontrolada, declaró que no autorizaría nuevos ataques israelíes contra South Pars a menos que Irán golpeara de nuevo Ras Laffan.

Opiniones públicas y narrativa mediática
La dimensión económica de la guerra y el riesgo de un colapso energético mundial han despertado un intenso debate en las redes sociales. Mientras algunos usuarios denuncian la exageración con la que ciertos canales presentan la guerra y se burlan de sus paralelismos cinematográficos, otros advierten de que las grandes potencias que pretenden «salvar el mundo» acabarán destruyéndolo. Hay quienes se quejan de la falta de un plan claro por parte de Estados Unidos e Israel y comparan su estrategia con la torpeza de personajes de ficción, y quienes recuerdan que la Primera y la Segunda Guerra Mundial no eran «problemas de los estadounidenses» pero acabaron arrastrando a todo el planeta. También abundan las críticas al hecho de que, bajo la bandera de la liberación, se estén bombardeando ciudades y matando a quienes se suponía que se quería proteger.

Los comentarios muestran una mezcla de humor y preocupación. Algunos señalan que durante décadas se predijo el agotamiento del petróleo y que, irónicamente, la escasez podría llegar por la destrucción deliberada de infraestructuras. Otros se preguntan por qué determinados medios tardan en publicar sus análisis y sugieren presiones desde Washington. En conjunto, estas opiniones revelan una audiencia cansada de la retórica belicista y preocupada por el impacto de la guerra en su vida cotidiana, desde el encarecimiento de los combustibles hasta la posibilidad de un conflicto mundial.

Un horizonte incierto
Con el transcurso de las semanas, la guerra parece alejarse de su objetivo inicial de impedir que Irán adquiera armas nucleares y se adentra en un enfrentamiento total que combina ataques quirúrgicos, sabotaje energético y propaganda. La capacidad de Irán para golpear instalaciones que suministran una quinta parte del gas licuado del planeta y una proporción similar del petróleo internacional ha llevado a algunos analistas a advertir de que un «ataque fuera de control» podría paralizar a medio mundo. La comunidad internacional reclama un alto el fuego y la apertura de negociaciones, pero la retórica de los gobiernos implicados y el sentimiento de venganza dificultan cualquier acercamiento.

Mientras tanto, las poblaciones civiles de Irán, Israel y los países del Golfo sufren las consecuencias. Escuelas, hospitales y viviendas han sido destruidos; millones de personas se han convertido en refugiados; los mercados financieros se muestran volátiles y los precios de la energía se disparan. Si no se logra frenar la escalada y elaborar un plan político viable para el día después, la guerra corre el riesgo de convertirse en un desastre prolongado que marque una generación. El ataque a Ras Laffan ha demostrado que la infraestructura energética mundial es un objetivo vulnerable y que cualquier golpe sobre ella puede tener un efecto dominó. En esta nueva fase de la guerra, incluso los gestos más pequeños pueden desencadenar consecuencias que se sientan a miles de kilómetros.