Berliner Boersenzeitung - Ataque que paraliza al mundo

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Ataque que paraliza al mundo




La guerra desencadenada el 28 de febrero de 2026 entre Estados Unidos, Israel e Irán ha evolucionado en pocas semanas desde una operación militar quirúrgica hasta una crisis global. Lo que comenzó como un intento de destruir las instalaciones nucleares iraníes y debilitar al régimen se ha convertido en una campaña de decapitación y destrucción de infraestructuras que amenaza con paralizar gran parte de la economía mundial. Tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei y de figuras como Ali Larijani y Gholamreza Soleimani en los primeros días del ataque, el gobierno israelí declaró que ningún responsable iraní estaría a salvo. Mientras los cazas israelíes y estadounidenses bombardearon instalaciones militares, misileras y centros de mando, el régimen iraní respondió con una estrategia de desgaste: lanzar drones y misiles contra bases estadounidenses, ciudades israelíes y, sobre todo, nodos energéticos en el Golfo Pérsico.

El ataque a South Pars y Ras Laffan
La escalada cobró una dimensión distinta cuando Israel bombardeó la sección iraní del campo gasífero South Pars, que junto con la planta catarí de Ras Laffan forma el mayor yacimiento de gas natural del mundo y suministra más de las tres cuartas partes del gas que consume Irán. La Guardia Revolucionaria respondió atacando Ras Laffan, responsable de aproximadamente el 20 % del gas natural licuado mundial, provocando daños extensos en el complejo. Los directivos de QatarEnergy estimaron el coste de las reparaciones en unos 20 000 millones de dólares y advirtieron de que cerca de 12,8 millones de toneladas anuales de producción quedarían fuera de servicio durante varios años. El Brent se disparó un 60 %, hasta rozar los 119 dólares por barril, y muchos economistas alertaron de que un solo dron o misil que alcanzara su objetivo bastaría para conceder a Irán una victoria estratégica.

Esta ofensiva sobre infraestructuras energéticas no se limitó a Catar. En cuestión de horas, la Guardia Revolucionaria lanzó misiles contra la refinería de Haifa en Israel y contra otras plantas en Yanbu (Arabia Saudí), Mina Abdullah y Mina Al Ahmadi en Kuwait, generando incendios y cortes temporales. La capacidad de Teherán para alterar la producción de petróleo y gas y para bloquear la navegación en el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del crudo mundial— se ha convertido en su principal baza para sobrevivir al conflicto.

Una guerra económica y política
La operación israelí, bautizada como Rugido del León, pretende desmantelar el complejo militar-industrial iraní. Según fuentes militares, más del 80 % de las defensas aéreas iraníes han sido neutralizadas y la producción de misiles balísticos ha pasado de un centenar al mes a prácticamente cero. La ofensiva también ha destruido fábricas de misiles en Tabriz y Jorramabad y ha atacado instalaciones nucleares renovadas en Natanz e Isfahán. Sin embargo, pese a las pérdidas, el régimen iraní ha demostrado una sorprendente resiliencia. Tras la muerte de Jamenei, la Asamblea de Expertos designó rápidamente a su hijo Mojtaba como nuevo guía supremo y el poder se dispersó entre comandantes de la Guardia Revolucionaria y clérigos conservadores. Analistas señalan que el sistema iraní fue diseñado para soportar la pérdida de líderes y que su estrategia se basa en la resistencia prolongada más que en la victoria rápida.

Irán ha intensificado sus ataques con drones y misiles contra Estados Unidos, Israel y las monarquías petroleras del Golfo, afectando infraestructuras energéticas clave. En paralelo, la amenaza de destruir completamente las instalaciones de sus vecinos si continúan los bombardeos ha llevado a Catar, Turquía y otros países a reclamar un alto el fuego inmediato. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y el daño infligido a refinerías y gasoductos han obligado a Washington a plantearse la posibilidad de levantar sanciones al petróleo iraní que ya se encuentra en alta mar para mitigar la crisis energética.

Reacciones políticas y discursos encontrados
Las declaraciones de los líderes evidencian la polarización del conflicto. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, advirtió de que el asesinato de dirigentes iraníes sienta un precedente peligroso en las relaciones internacionales y denunció que el «ojo por ojo» puede desestabilizar el orden mundial. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, afirmó en redes sociales que la ecuación del ojo por ojo está en vigor y que su país responderá con cero contención ante futuros ataques. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asegura que su país y Estados Unidos están ganando la guerra y que Irán carece ya de capacidad para enriquecer uranio o fabricar misiles balísticos. El expresidente estadounidense Donald Trump, deseoso de evitar una escalada incontrolada, declaró que no autorizaría nuevos ataques israelíes contra South Pars a menos que Irán golpeara de nuevo Ras Laffan.

Opiniones públicas y narrativa mediática
La dimensión económica de la guerra y el riesgo de un colapso energético mundial han despertado un intenso debate en las redes sociales. Mientras algunos usuarios denuncian la exageración con la que ciertos canales presentan la guerra y se burlan de sus paralelismos cinematográficos, otros advierten de que las grandes potencias que pretenden «salvar el mundo» acabarán destruyéndolo. Hay quienes se quejan de la falta de un plan claro por parte de Estados Unidos e Israel y comparan su estrategia con la torpeza de personajes de ficción, y quienes recuerdan que la Primera y la Segunda Guerra Mundial no eran «problemas de los estadounidenses» pero acabaron arrastrando a todo el planeta. También abundan las críticas al hecho de que, bajo la bandera de la liberación, se estén bombardeando ciudades y matando a quienes se suponía que se quería proteger.

Los comentarios muestran una mezcla de humor y preocupación. Algunos señalan que durante décadas se predijo el agotamiento del petróleo y que, irónicamente, la escasez podría llegar por la destrucción deliberada de infraestructuras. Otros se preguntan por qué determinados medios tardan en publicar sus análisis y sugieren presiones desde Washington. En conjunto, estas opiniones revelan una audiencia cansada de la retórica belicista y preocupada por el impacto de la guerra en su vida cotidiana, desde el encarecimiento de los combustibles hasta la posibilidad de un conflicto mundial.

Un horizonte incierto
Con el transcurso de las semanas, la guerra parece alejarse de su objetivo inicial de impedir que Irán adquiera armas nucleares y se adentra en un enfrentamiento total que combina ataques quirúrgicos, sabotaje energético y propaganda. La capacidad de Irán para golpear instalaciones que suministran una quinta parte del gas licuado del planeta y una proporción similar del petróleo internacional ha llevado a algunos analistas a advertir de que un «ataque fuera de control» podría paralizar a medio mundo. La comunidad internacional reclama un alto el fuego y la apertura de negociaciones, pero la retórica de los gobiernos implicados y el sentimiento de venganza dificultan cualquier acercamiento.

Mientras tanto, las poblaciones civiles de Irán, Israel y los países del Golfo sufren las consecuencias. Escuelas, hospitales y viviendas han sido destruidos; millones de personas se han convertido en refugiados; los mercados financieros se muestran volátiles y los precios de la energía se disparan. Si no se logra frenar la escalada y elaborar un plan político viable para el día después, la guerra corre el riesgo de convertirse en un desastre prolongado que marque una generación. El ataque a Ras Laffan ha demostrado que la infraestructura energética mundial es un objetivo vulnerable y que cualquier golpe sobre ella puede tener un efecto dominó. En esta nueva fase de la guerra, incluso los gestos más pequeños pueden desencadenar consecuencias que se sientan a miles de kilómetros.