Berliner Boersenzeitung - IA y empleo: Alarma y Realidad

EUR -
AED 4.23704
AFN 74.992126
ALL 91.801223
AMD 418.589514
ANG 2.065583
AOA 1059.116704
ARS 1738.621483
AUD 1.617669
AWG 2.078141
AZN 1.968959
BAM 1.956261
BBD 2.324357
BDT 142.092849
BGN 1.942222
BHD 0.435089
BIF 3451.727898
BMD 1.153722
BND 1.46954
BOB 12.689043
BRL 5.926321
BSD 1.154077
BTN 110.738721
BWP 15.652619
BYN 3.50461
BYR 22612.94572
BZD 2.320996
CAD 1.608277
CDF 2667.982172
CHF 0.944904
CLF 0.027859
CLP 1100.039261
CNY 7.743146
CNH 7.739072
COP 3608.80693
CRC 516.219341
CUC 1.153722
CUP 30.573626
CVE 110.290975
CZK 24.311341
DJF 205.509291
DKK 7.475476
DOP 68.125749
DZD 154.371425
EGP 60.017416
ERN 17.305826
ETB 188.50091
FJD 2.553129
FKP 0.855988
GBP 0.857348
GEL 2.991968
GGP 0.855988
GHS 13.254179
GIP 0.855988
GMD 84.802591
GNF 10147.34589
GTQ 8.810113
GYD 241.447911
HKD 9.050757
HNL 30.974161
HRK 7.534723
HTG 150.836178
HUF 364.454969
IDR 20357.419757
ILS 3.497219
IMP 0.855988
INR 110.61855
IQD 1511.849513
IRR 1585905.877266
ISK 139.796407
JEP 0.855988
JMD 182.122893
JOD 0.818056
JPY 178.861126
KES 149.476721
KGS 100.892849
KHR 4673.060078
KMF 492.639538
KPW 1038.349915
KRW 1576.595359
KWD 0.355843
KYD 0.961722
KZT 513.145287
LAK 25834.524646
LBP 103345.387414
LKR 382.510087
LRD 200.226289
LSL 18.788806
LTL 3.406641
LVL 0.697874
LYD 7.329726
MAD 10.882663
MDL 20.120652
MGA 4990.067113
MKD 61.544495
MMK 2422.382471
MNT 4147.716277
MOP 9.324894
MRU 46.207883
MUR 54.478572
MVR 17.766827
MWK 2001.179983
MXN 19.772575
MYR 4.666579
MZN 73.734259
NAD 18.788644
NGN 1529.708151
NIO 42.469818
NOK 10.790777
NPR 177.188499
NZD 2.001794
OMR 0.443614
PAB 1.154047
PEN 3.871795
PGK 5.218229
PHP 72.367772
PKR 319.872935
PLN 4.347033
PYG 6828.608249
QAR 4.195388
RON 5.259243
RSD 117.357749
RUB 97.405102
RWF 1702.793656
SAR 4.330004
SBD 9.271597
SCR 15.755618
SDG 693.953467
SEK 11.288002
SGD 1.468959
SHP 0.856321
SLE 28.427578
SLL 24192.958249
SOS 659.552477
SRD 43.553301
STD 23879.710257
STN 24.505665
SVC 10.098335
SYP 15000.690102
SZL 18.786506
THB 38.354318
TJS 10.644262
TMT 4.049563
TND 3.378696
TOP 2.777885
TRY 56.124984
TTD 7.824605
TWD 36.692984
TZS 3052.31852
UAH 51.466821
UGX 4518.064078
USD 1.153722
UYU 46.430935
UZS 13606.204485
VES 970.492275
VND 29995.034148
VUV 136.32031
WST 3.157429
XAF 655.957
XAG 0.017803
XAU 0.000265
XCD 3.117991
XCG 2.079881
XDR 0.815741
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 272.853304
ZAR 18.765744
ZMK 10384.877521
ZMW 22.648236
ZWL 371.497923
SSP 6524.623405
MXV 2.241941

IA y empleo: Alarma y Realidad




A mediados de febrero de 2026 el director ejecutivo de la división de inteligencia artificial de Microsoft, Mustafa Suleyman, pronosticó en una entrevista que la inteligencia artificial alcanzaría “rendimiento de nivel humano en la mayoría de las tareas profesionales” en un plazo de doce a dieciocho meses. El ejecutivo explicó que la automatización afectaría sobre todo a las labores de cuello blanco –abogados, contables, jefes de proyectos o profesionales del marketing– porque esas tareas consisten en pasar horas frente a un ordenador. Su objetivo, dijo, era desarrollar “miles de millones de mentes digitales” para que cada institución pudiera disponer de un modelo personalizado. Aunque la predicción partió de un directivo especializado en IA, muchos titulares la presentaron como una advertencia del propio CEO de Microsoft, Satya Nadella, lo que amplificó su alcance y la hizo viral.

La declaración llegó tras una serie de pronunciamientos similares de otros líderes tecnológicos. Fortune recordó que el responsable de Anthropic, Dario Amodei, había vaticinado en mayo de 2025 que la inteligencia artificial eliminaría la mitad de los puestos de entrada para trabajos de oficina, y el consejero delegado de Ford, Jim Farley, aventuró que reduciría a la mitad los puestos administrativos en Estados Unidos. Elon Musk declaró en el Foro de Davos de 2026 que la inteligencia artificial general podría llegar ese mismo año.

Impacto en los mercados y el temor en el crédito privado
La idea de que la IA pueda automatizar en un año y medio las tareas profesionales se trasladó rápidamente a los mercados financieros. La bolsa tecnológica ya mostraba signos de inquietud por el aumento de inversiones en centros de datos y por la incertidumbre sobre el retorno de ese gasto. Un informe hipotético de Citrini Research, difundido a finales de febrero, imaginó un escenario en el que el uso masivo de IA hacía caer el mercado, elevaba el desempleo al 10 % y generaba un “bucle fatal” de sustitución de empleados. Ese documento, difundido por redes sociales, fue citado como uno de los factores que desencadenaron un desplome del 1,7 % en el Dow Jones y del 1,1 % en el Nasdaq. Algunos medios internacionales destacaron que el temor no se limitaba a las grandes tecnológicas: la directora general de Franklin Templeton, Jenny Johnson, advirtió al Financial Times que la IA estaba cuestionando el modelo de negocio de muchas empresas de software, y que los fondos de capital privado estaban utilizando vehículos de continuidad para devolver dinero a sus inversores.

Ese nerviosismo se contagió al creciente mercado de crédito privado, un sector que presta dinero a empresas fuera del sistema bancario y que se había convertido en uno de los principales financiadores de proyectos de software. Algunas firmas de capital riesgo, al percibir el riesgo de que los ingresos de las tecnológicas se reduzcan por la automatización, comenzaron a frenar nuevas financiaciones y a presionar para acelerar la devolución de capital. Los analistas señalaron que la caída de las acciones de empresas como IBM, Workday o Salesforce –que retrocedieron entre un 7 % y un 13 % a finales de febrero– estaba vinculada a estas preocupaciones.

¿Profecía o exageración? Evidencias y matices
Aunque la predicción de Suleyman acaparó titulares, varios estudios sugieren que la automatización total aún está lejos. Fortune cita un informe de Thomson Reuters según el cual abogados, contables y auditores utilizan la IA principalmente para tareas puntuales como la revisión de documentos y los análisis rutinarios, con mejoras marginales de productividad y sin indicios de despidos masivos. Otro estudio de la organización METR observó que la IA puede ralentizar algunas labores: el trabajo de los desarrolladores de software se demoró un 20 % cuando utilizaron estas herramientas.

La propia Microsoft también ha experimentado esa realidad. En 2025 la empresa despidió a unas 15 000 personas, una reducción que su consejero delegado, Satya Nadella, justificó como parte de la necesidad de “reimaginar nuestra misión para una nueva era”. Sin embargo, la compañía busca simultáneamente reforzar su independencia tecnológica: Suleyman explicó que Microsoft está desarrollando modelos propios para no depender de terceros y para alcanzar una “superinteligencia” capaz de resolver tareas complejas. Por su parte Nadella, en un podcast con líderes empresariales en Davos, describió la IA como “el mayor cambio en el trabajo del conocimiento desde la llegada del PC” y propuso la idea de gestores de mentes infinitas, asistentes capaces de ejecutar tareas y coordinar flujos de trabajo.

Además de la discusión entre ejecutivos, distintos economistas cuestionan la visión apocalíptica. Las previsiones de ganancias de la mayoría de las empresas fuera del sector tecnológico no reflejan expectativas de un boom de productividad a corto plazo. Los recortes laborales vinculados con la IA fueron responsables de aproximadamente 55 000 despidos en 2025, una cifra marginal en comparación con la población ocupada de los países industrializados.

Reacción social: escepticismo, sarcasmo y búsqueda de alternativas
La repercusión de las declaraciones también se midió en la conversación pública. Entre profesionales y usuarios se generó un intenso debate sobre la veracidad de las advertencias y sobre el modo de prepararse. Muchos comentarios de lectores y espectadores expresaron escepticismo sobre la rapidez de los cambios: algunos señalaron que las grandes empresas utilizan la inteligencia artificial como excusa para justificar recortes de personal que habrían realizado de todos modos, alegando que la sobrecontratación de 2023 y la ralentización económica explicarían mejor los despidos. Otros señalaron que el mercado laboral tecnológico ya cambiaba cada seis meses mucho antes de la irrupción de modelos de lenguaje masivo, por lo que la necesidad de reciclarse no es nueva.

Hubo espacio para el humor y la crítica política: algunos afirmaron que habría que sustituir primero a los políticos, mientras que otros, dedicados a oficios físicos como la electricidad o el cuidado de mascotas, bromearon con que la IA les “importa poco”. También surgieron argumentos sobre las consecuencias sociales de una automatización acelerada: ¿quién comprará los productos si la mayoría de la población queda sin trabajo?, se preguntaron. Varios participantes recomendaron reorientarse hacia disciplinas técnicas como la electromecánica para encargarse del mantenimiento de robots y sistemas inteligentes, o dedicarse a servicios que todavía requieren interacción humana.

Consecuencias y perspectivas
La controversia desatada por las declaraciones de Suleyman pone de manifiesto la profunda incertidumbre que rodea al desarrollo de la inteligencia artificial. Por un lado, directivos y emprendedores ven en ella la clave para reducir costes y multiplicar la productividad. Por otro, trabajadores y analistas advierten que las predicciones apocalípticas pueden provocar una espiral de miedo injustificada que afecte a la inversión y al empleo.

Hasta ahora, las evidencias apuntan a un avance gradual: la IA complementa tareas específicas y sirve de herramienta de apoyo más que de sustituta total. La historia de las revoluciones tecnológicas muestra que muchas profesiones evolucionan y otras nuevas aparecen. El reto para gobiernos, empresas y trabajadores será gestionar la transición, invertir en formación y establecer medidas de protección social que permitan aprovechar el potencial de la IA sin desencadenar una crisis de empleo ni un pánico financiero.