Berliner Boersenzeitung - Trump quiere salir de Irán

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Trump quiere salir de Irán




La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán estalló a finales de febrero de 2026, tras meses de tensiones en torno al programa nuclear iraní y la militarización del estrecho de Ormuz. En pocas semanas, las fuerzas estadounidenses e israelíes destruyeron miles de objetivos y paralizaron gran parte de la infraestructura iraní. Mientras el conflicto causaba estragos en la economía mundial y encarecía el petróleo, la Casa Blanca comenzó a enviar mensajes contradictorios. En varias comparecencias, el presidente Donald Trump aseguró que la operación avanza más rápido de lo previsto y que los combates podrían terminar pronto. Tras calificar la guerra de “excursión a corto plazo”, destacó que gran parte de los objetivos militares iraníes ya habían sido eliminados y que su intención era una intervención limitada para neutralizar las amenazas a la estabilidad regional.

No obstante, sus declaraciones oscilan entre el deseo de concluir la guerra y la amenaza de escalarla. Al mismo tiempo que afirma que la campaña está “prácticamente terminada” y que el conflicto acabará “muy pronto”, también insiste en que la ofensiva militar estadounidense “iría más allá” y advierte que está dispuesto a golpear “muy, muy duro” si Irán intenta bloquear el suministro de petróleo. En una rueda de prensa en Doral, Florida, prometió que Estados Unidos reservará ciertos objetivos de infraestructura iraní para posibles ataques posteriores, incluida la red eléctrica, si Teherán desafía sus exigencias. Además, ha pedido a sus asesores un plan de salida que contemple una duración de entre cuatro y seis semanas, señalando que reabrir por la fuerza el estrecho de Ormuz prolongaría innecesariamente el conflicto.

El dilema del estrecho de Ormuz y las negociaciones fallidas
La reapertura del estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial— se ha convertido en un elemento central de la estrategia estadounidense. Durante las negociaciones mediadas por Pakistán, Irán presentó un plan de diez puntos que incluía mantener su control sobre el estrecho, la retirada de todas las fuerzas extranjeras, el fin de las hostilidades en todos los frentes (incluido Líbano), el reconocimiento de su derecho a enriquecer uranio, un pacto de no agresión, compensaciones por los daños y el levantamiento de las sanciones económicas. Sin embargo, el Gobierno de Israel rechazó de plano la inclusión de Líbano en el alto el fuego y exigió el derecho a seguir bombardeando a la milicia chií Hizbolá. Esta postura, secundada finalmente por Washington, bloqueó los avances diplomáticos y llevó a Trump a lanzar un ultimátum a Teherán para abrir el estrecho bajo condiciones que garantizasen el libre tránsito de barcos occidentales.

El presidente estadounidense amenazó con “destruir una civilización entera” y “devolver a Irán a la Edad de Piedra” si no cedía a sus demandas. Sus palabras coincidieron con una nueva oleada de ataques contra infraestructuras civiles e industriales iraníes y con la acusación iraní de que Washington perseguía un cambio de régimen encubierto. Aunque Trump niega buscar un derrocamiento total, reconoce que deja en reserva algunos de los “objetivos más importantes” para mantener la presión. Mientras tanto, las demandas iraníes de compensaciones y el levantamiento de sanciones siguen sin respuesta, y el bloqueo del estrecho mantiene los precios energéticos en niveles elevados.

Israel quiere seguir la guerra hasta el final
Las aspiraciones de Trump de una retirada rápida chocan con la posición de Israel. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha declarado que la ofensiva militar de su país y Estados Unidos “continuará sin límite de tiempo” hasta lograr todos los objetivos estratégicos. En su opinión, es necesario aplastar al régimen iraní y animar al propio pueblo iraní a derrocar a sus líderes. Israel ha bombardeado sistemáticamente instalaciones petroleras, puentes, ferrocarriles y universidades en varias ciudades de Irán, y ha insistido en que seguirá actuando “día tras día, objetivo tras objetivo”. La defensa israelí también ha advertido que no aceptará ningún acuerdo que limite su capacidad de atacar a Hizbolá en Líbano ni que reconozca los derechos de Irán sobre Ormuz.

Esta determinación israelí reduce el margen de Trump para negociar una salida diplomática. El Pentágono, por su parte, ha señalado que no descarta ninguna opción militar y que prefiere parecer impredecible ante Teherán. En Estados Unidos, las divisiones internas se hacen evidentes: mientras Trump pregona la proximidad de la victoria y promete una “excursión” limitada, algunos altos cargos de su gobierno respaldan la estrategia israelí de máxima presión y la posibilidad de un despliegue terrestre. Esta dualidad genera incertidumbre sobre los verdaderos planes de Washington y mina la confianza de los mediadores internacionales.

Opiniones públicas y percepciones globales
En redes y foros hispanohablantes se multiplican las dudas sobre la coherencia de la estrategia estadounidense. Varios comentaristas expresan frustración con la guerra: algunos se quejan de que la campaña se inició para “abrir el estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto”, y ahora lo único que se ha conseguido es bloquearlo aún más. Otros destacan que las exigencias que Washington presenta en las negociaciones parecen responder más a intereses israelíes que a los de Estados Unidos, y se preguntan por qué la Casa Blanca actúa de manera tan sumisa frente al gobierno de Tel Aviv. Hay quienes auguran que el conflicto durará más de lo que Trump promete y que su cronograma de dos o tres semanas no es realista.
También abundan las voces que exigen el fin de la violencia y critican por igual a líderes iraníes y occidentales. Algunos usuarios culpan a los políticos de todas las naciones por anteponer sus intereses a las vidas de civiles, mientras otros remarcan que el verdadero propósito de la guerra sigue siendo difuso. Entre el sarcasmo y la indignación, muchos señalan la paradoja de una guerra que pretendía garantizar la libertad de navegación y que ha provocado la clausura del principal paso marítimo de la región.

Conclusión: un plan en peligro
La intención de Donald Trump de abandonar Irán en cuestión de semanas se enfrenta a obstáculos difíciles de superar. Mientras el presidente busca proyectar una imagen de control y rapidez, su propio gobierno emite mensajes contradictorios y mantiene la capacidad de ampliar la operación. La intransigencia israelí, que exige la rendición total del régimen iraní y rechaza cualquier límite temporal, amenaza con arruinar los planes de retirada de Washington. Irán, por su parte, exige garantías de soberanía sobre Ormuz, el fin de los ataques en todos los frentes y el levantamiento de sanciones; demandas que difícilmente se cumplirán sin concesiones mutuas.

Además, el bloqueo del estrecho sigue presionando al mercado energético global, elevando el coste político de una retirada sin resultados tangibles. Las negociaciones mediadas por Pakistán y otros actores regionales han mostrado lo complejo que será conciliar las agendas de Estados Unidos, Israel e Irán. En este escenario, 2026 podría convertirse en el año en que la guerra se prolonga más allá de lo que Washington deseaba y en el que se evidencian las fisuras entre aliados. A menos que la diplomacia encuentre un camino viable, el deseo de Trump de salir de Irán puede chocar con la determinación de Israel de continuar la guerra hasta el final.