Berliner Boersenzeitung - Mina rara bloqueada en España

EUR -
AED 4.237873
AFN 75.006143
ALL 91.65231
AMD 419.444613
ANG 2.065988
AOA 1059.324362
ARS 1738.98302
AUD 1.618667
AWG 2.078549
AZN 1.974984
BAM 1.9565
BBD 2.324111
BDT 142.070829
BGN 1.942603
BHD 0.434952
BIF 3450.204488
BMD 1.153948
BND 1.468413
BOB 13.327653
BRL 5.934793
BSD 1.153903
BTN 110.728656
BWP 15.617452
BYN 3.503823
BYR 22617.37787
BZD 2.32071
CAD 1.607328
CDF 2668.505369
CHF 0.945014
CLF 0.027883
CLP 1100.958449
CNY 7.744663
CNH 7.740255
COP 3605.429283
CRC 516.380272
CUC 1.153948
CUP 30.579618
CVE 110.30303
CZK 24.303524
DJF 205.481735
DKK 7.475447
DOP 67.853688
DZD 154.1027
EGP 60.051795
ERN 17.309218
ETB 185.785668
FJD 2.553629
FKP 0.856156
GBP 0.85672
GEL 3.003688
GGP 0.856156
GHS 13.252569
GIP 0.856156
GMD 84.818903
GNF 10146.542222
GTQ 8.809075
GYD 241.414279
HKD 9.051994
HNL 31.064398
HRK 7.53355
HTG 150.81265
HUF 364.877115
IDR 20392.566414
ILS 3.493462
IMP 0.856156
INR 110.728564
IQD 1512.248658
IRR 1586216.715594
ISK 139.823838
JEP 0.856156
JMD 181.741872
JOD 0.818148
JPY 178.979638
KES 149.505841
KGS 100.912505
KHR 4674.631944
KMF 492.736046
KPW 1038.553432
KRW 1579.731368
KWD 0.356039
KYD 0.961636
KZT 516.09017
LAK 25824.015328
LBP 103331.973847
LKR 380.672895
LRD 201.470335
LSL 18.774625
LTL 3.407308
LVL 0.698011
LYD 7.315598
MAD 10.909909
MDL 20.061003
MGA 5048.522129
MKD 61.548087
MMK 2422.857259
MNT 4148.529231
MOP 9.323355
MRU 46.216036
MUR 54.50113
MVR 17.772223
MWK 2003.836949
MXN 19.781378
MYR 4.667485
MZN 73.749064
NAD 18.764951
NGN 1530.088503
NIO 42.245786
NOK 10.786349
NPR 177.16585
NZD 2.005556
OMR 0.4437
PAB 1.153903
PEN 3.87152
PGK 5.126417
PHP 72.385413
PKR 319.890676
PLN 4.346195
PYG 6868.397801
QAR 4.20262
RON 5.259923
RSD 117.361074
RUB 97.017284
RWF 1695.077073
SAR 4.330853
SBD 9.273413
SCR 15.763946
SDG 694.095515
SEK 11.291743
SGD 1.469333
SHP 0.856489
SLE 28.433133
SLL 24197.700082
SOS 659.424495
SRD 43.561837
STD 23884.390694
STN 24.867576
SVC 10.096525
SYP 15003.630246
SZL 18.740037
THB 38.406266
TJS 10.644716
TMT 4.050357
TND 3.362316
TOP 2.778429
TRY 56.148569
TTD 7.830734
TWD 36.726634
TZS 3053.674863
UAH 51.513084
UGX 4534.563397
USD 1.153948
UYU 46.406201
UZS 13575.857065
VES 970.682438
VND 29999.759244
VUV 136.347029
WST 3.158048
XAF 655.957
XAG 0.017884
XAU 0.000266
XCD 3.118602
XCG 2.079662
XDR 0.815901
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 272.903562
ZAR 18.791118
ZMK 10386.918281
ZMW 22.529865
ZWL 371.570737
SSP 6525.902235
MXV 2.242939

Mina rara bloqueada en España




En una zona serrana del sur de Castilla‑La Mancha, a pocos metros bajo una llanura de olivos y cereales, yace un tesoro geológico capaz de redefinir la industria tecnológica europea. En el Campo de Montiel, provincia de Ciudad Real, los geólogos identificaron hace años un yacimiento de monacita gris considerado el mayor depósito de tierras raras localizado en Europa. Este hallazgo podría cubrir gran parte de las necesidades de estos elementos para las fábricas de imanes, motores eléctricos, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos que hoy dependen casi por completo de las importaciones chinas. Sin embargo, el proyecto se encuentra parado, atrapado entre trámites administrativos, recelos vecinales y el debate ambiental.

Las tierras raras son una familia de diecisiete elementos químicos imprescindibles para la transición energética y digital. La República Popular China controla más de la mitad de la extracción mundial y casi todo el procesamiento de estos materiales. Ante esa dependencia, la Unión Europea aprobó recientemente un reglamento sobre materias primas estratégicas que busca asegurar un suministro propio: fija objetivos de extracción y refinado dentro del continente y promete simplificar las autorizaciones. Ese esfuerzo comunitario ha puesto el foco en España como posible proveedor gracias a su geología. Además del litio y otros metales, el país alberga depósitos de cerio, neodimio y otros lantánidos que son clave para la electromovilidad y las tecnologías limpias.

El yacimiento de Campo de Montiel es singular. No se trata de vetas profundas en roca dura como las explotadas en China o Australia, sino de arenas enriquecidas que se extienden como una lengua bajo una veintena de fincas agrícolas. La capa mineralizada, según describen los estudios geológicos, apenas alcanza unos pocos metros de espesor y contiene una concentración alta de monacita gris, un fosfato que reúne muchos de los elementos de tierras raras. A diferencia de los depósitos asiáticos, la proporción de torio es muy baja, por lo que la radiactividad no supone un problema. La extracción podría hacerse con maquinaria similar a la que se usa para excavar grava en los ríos; no sería necesaria la voladura de roca ni el uso de explosivos. Tras separar la monacita mediante cribado en húmedo, el resto del material —un noventa y nueve por ciento de la tierra removida— podría devolverse al lugar para restaurar el entorno.

Las estimaciones internas del proyecto apuntan a una reserva suficiente para alimentar durante varios años la mayor parte de la demanda europea de metales magnéticos como neodimio y praseodimio. También se prevé un notable impacto social: la iniciativa implicaría una inversión millonaria, la creación de empleo directo e indirecto y la dinamización de una comarca castigada por el envejecimiento y la despoblación. En un contexto en el que los fabricantes de automóviles se disputan las baterías y los imanes permanentes, disponer de un suministro estable en suelo comunitario supondría una ventaja competitiva y un paso hacia la autonomía industrial.

Sin embargo, esa promesa se enfrenta a un muro administrativo. La empresa promotora solicitó hace casi una década el permiso de explotación, pero la Junta de Castilla‑La Mancha denegó la autorización ambiental al estimar que existía riesgo de impacto en las aguas subterráneas y en la avifauna esteparia de la zona, incluida la avutarda. Los tribunales refrendaron esa decisión en sucesivas sentencias. Paralelamente, la plataforma ciudadana Sí a la Tierra Viva agrupó a agricultores, ecologistas y habitantes de municipios como Torrenueva y Torre de Juan Abad, preocupados por las consecuencias sobre la salud, el paisaje y el turismo rural. Aunque los impulsores del proyecto alegan que el método de extracción sería reversible y que se aplicaría un plan de restauración, la falta de consenso ha bloqueado cualquier avance.

La paradoja es que mientras en el norte de Suecia el gigante minero estatal LKAB avanza, aunque lentamente, en la tramitación de un yacimiento de óxidos de tierras raras descubierto en 2023, en Ciudad Real una riqueza similar permanece en el subsuelo. En Suecia, la permisología es compleja y se estima que pasará más de una década hasta que la mina entre en producción. En España, la demora es indefinida. El nuevo reglamento europeo prevé declarar algunos proyectos como estratégicos para acortar los plazos, pero la última palabra corresponde a los gobiernos autonómicos y a las comunidades locales. El Ejecutivo central ha insistido en que estas explotaciones deben conciliar desarrollo económico y protección ambiental, y de momento no ha intervenido en el caso manchego.

El debate sobre las tierras raras no se limita a Castilla‑La Mancha. En Galicia, en las inmediaciones del monte Galiñeiro cerca de Vigo, se han identificado arenas con potencial de producir varios miles de toneladas de estos minerales al año. Allí, grupos vecinales y ecologistas también han expresado su rechazo, al considerar que se pondrían en peligro espacios naturales y valores culturales. En Ourense, el cierre de la mina de Penouta —que producía niobio y tantalio— y la revocación de su licencia en 2024 evidencian la dificultad de conciliar minería y medio ambiente. Mientras, otros proyectos en Extremadura, Andalucía o Salamanca exploran la recuperación de metales en escombreras y residuos mineros como parte de una economía circular.

La carrera por las tierras raras refleja las tensiones entre soberanía industrial, conservación de la naturaleza y bienestar de las comunidades. Algunos expertos en minería defienden que, con la tecnología adecuada, la explotación de depósitos superficiales como el de Campo de Montiel puede realizarse con un impacto limitado y reversible. Recuerdan que casi todos los productos modernos dependen de estos elementos y que relegar la extracción a países con regulaciones laxas traslada el problema ambiental a otros lugares. Sus detractores replican que la comarca ya vive de la agricultura y del turismo interior, y que la inseguridad de que un proyecto minero se convierta en una cicatriz sin retorno es demasiado alta. La falta de confianza en las administraciones para vigilar y restaurar el entorno agrava el desacuerdo.

En Madrid y Bruselas, mientras tanto, se multiplican los discursos sobre la autonomía estratégica y la transición ecológica. La Comisión Europea establece que, de aquí a 2030, al menos una décima parte de los recursos críticos consumidos en el bloque deberían extraerse en territorio comunitario y que ningún país pueda suministrar más de dos tercios de un mismo material. Para cumplir esas metas habrá que desbloquear proyectos como el de Campo de Montiel o el de Galiñeiro, o hallar alternativas en otros países aliados. Si las autorizaciones siguen atascadas, Europa seguirá dependiente de Beijing para sus imanes y motores, y España habrá dejado escapar la oportunidad de convertirse en referente de la minería del futuro.

La historia de la mayor mina de tierras raras de Europa es, por ahora, una historia de promesas en suspenso. Mientras los campesinos de Campo de Montiel continúan cosechando trigo y aceituna, el subsuelo guarda un recurso estratégico codiciado por industrias y gobiernos. Decidir si se extrae o no ese tesoro definirá no solo el destino de una comarca, sino también el grado de independencia tecnológica y energética de Europa en las próximas décadas.