Berliner Boersenzeitung - La Alemania de Alice Weidel

EUR -
AED 4.214492
AFN 74.592697
ALL 91.870147
AMD 418.911055
ANG 2.054589
AOA 1052.332084
ARS 1736.006119
AUD 1.612938
AWG 2.065646
AZN 1.95741
BAM 1.957721
BBD 2.326082
BDT 142.199533
BGN 1.931885
BHD 0.435427
BIF 3454.28951
BMD 1.147581
BND 1.470643
BOB 12.69846
BRL 5.908782
BSD 1.154933
BTN 110.824746
BWP 15.664371
BYN 3.507241
BYR 22492.588775
BZD 2.322779
CAD 1.605294
CDF 2650.91195
CHF 0.947334
CLF 0.027724
CLP 1094.700512
CNY 7.696138
CNH 7.697928
COP 3596.737082
CRC 516.606919
CUC 1.147581
CUP 30.410898
CVE 110.373303
CZK 24.340251
DJF 205.661805
DKK 7.475263
DOP 68.176898
DZD 153.813769
EGP 59.717932
ERN 17.213716
ETB 188.645708
FJD 2.571442
FKP 0.85343
GBP 0.856721
GEL 2.989432
GGP 0.85343
GHS 13.264015
GIP 0.85343
GMD 84.921154
GNF 10154.964524
GTQ 8.816651
GYD 241.627096
HKD 9.00283
HNL 30.997416
HRK 7.535589
HTG 150.948117
HUF 364.064927
IDR 20361.530747
ILS 3.483654
IMP 0.85343
INR 110.077004
IQD 1512.984611
IRR 1577436.23563
ISK 139.821058
JEP 0.85343
JMD 182.258841
JOD 0.813608
JPY 178.743207
KES 148.724678
KGS 100.355851
KHR 4676.588887
KMF 491.164471
KPW 1032.823319
KRW 1588.716971
KWD 0.354281
KYD 0.962444
KZT 513.543913
LAK 25852.227288
LBP 103413.51329
LKR 382.763899
LRD 200.376619
LSL 18.801192
LTL 3.388509
LVL 0.69416
LYD 7.335198
MAD 10.890787
MDL 20.13409
MGA 4993.900247
MKD 61.58543
MMK 2409.535573
MNT 4127.678313
MOP 9.332057
MRU 46.242375
MUR 54.693338
MVR 17.684531
MWK 2002.665108
MXN 19.752506
MYR 4.70451
MZN 73.33285
NAD 18.80275
NGN 1527.315101
NIO 42.501705
NOK 10.809646
NPR 177.319995
NZD 2.00075
OMR 0.441242
PAB 1.154933
PEN 3.874702
PGK 5.222124
PHP 72.011284
PKR 320.111709
PLN 4.363195
PYG 6833.70555
QAR 4.19852
RON 5.259707
RSD 117.350522
RUB 97.024167
RWF 1704.072115
SAR 4.247627
SBD 9.181236
SCR 15.837292
SDG 690.274392
SEK 11.267696
SGD 1.46417
SHP 0.857203
SLE 28.276687
SLL 24064.191719
SOS 660.047669
SRD 43.324054
STD 23752.610984
STN 24.524064
SVC 10.105916
SYP 14920.849233
SZL 18.800448
THB 38.268959
TJS 10.654054
TMT 4.016534
TND 3.381218
TOP 2.7631
TRY 55.858829
TTD 7.830684
TWD 36.611164
TZS 3049.327147
UAH 51.505239
UGX 4521.436644
USD 1.147581
UYU 46.465392
UZS 13616.361007
VES 970.228088
VND 29848.583369
VUV 135.766967
WST 3.147715
XAF 655.957
XAG 0.017937
XAU 0.000266
XCD 3.101395
XCG 2.081442
XDR 0.811399
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 271.574995
ZAR 18.697837
ZMK 10329.609215
ZMW 22.66524
ZWL 369.520633
SSP 6493.215316
MXV 2.239524

La Alemania de Alice Weidel




El avance de la AfD acerca a Alemania a un escenario que ya no puede despacharse como una hipótesis marginal. Su proyecto combina una política migratoria mucho más restrictiva, rebajas fiscales, una ruptura con la estrategia climática y una revisión profunda del vínculo con Europa. Pero entre ese programa y su aplicación existen límites políticos, económicos y constitucionales.

La pregunta sobre cómo sería Alemania bajo un Gobierno de Alice Weidel ha adquirido una urgencia distinta después de las elecciones de Sajonia-Anhalt del 6 de septiembre. Alternativa para Alemania obtuvo el 43,8 % de los votos, según el resultado provisional, y dejó a la CDU en el 17,2 %. Sin embargo, sus 39 escaños en una cámara de 83 no le proporcionaron la mayoría absoluta. El salto electoral es indiscutible; la capacidad para gobernar, una cuestión diferente.

La distinción importa también en Berlín. Friedrich Merz continúa al frente del Gobierno federal y una elección regional no modifica por sí misma la composición del Bundestag. En las elecciones federales de febrero de 2025, la AfD consiguió el 20,8 % de los votos y 152 escaños. Es una fuerza parlamentaria de primer orden, pero no dispone de una mayoría nacional para ejecutar su programa.

Por eso, describir una Alemania dirigida por Weidel exige separar tres planos: las medidas que su partido defiende, las consecuencias que razonablemente podrían derivarse de ellas y los obstáculos que encontraría para llevarlas a la práctica. Confundirlos convertiría el análisis en propaganda, tanto a favor como en contra.

Ganar elecciones no equivale a controlar el Estado
La principal barrera de la AfD sigue siendo convertir sus votos en apoyos suficientes para gobernar. Tras el resultado de Sajonia-Anhalt, Merz reiteró su rechazo a colaborar con el partido. La AfD, por su parte, ha buscado apoyos entre diputados conservadores. Esa disputa muestra que el llamado cordón sanitario depende de decisiones políticas concretas y no de un mecanismo que impida automáticamente a una formación acceder al poder.

Incluso una llegada de Weidel a la Cancillería no colocaría todas las instituciones bajo su autoridad. Alemania es una federación: el Gobierno central no dirige cada escuela, cada cuerpo policial ni cada administración regional. Los estados federados intervienen además en la legislación federal a través del Bundesrat.

Un Ejecutivo de la AfD podría cambiar prioridades presupuestarias, impulsar leyes y orientar la actuación de sus ministerios. No podría convertir unilateralmente todas sus promesas en normas. La diferencia entre dirigir un Gobierno y disponer de poder ilimitado sería decisiva para entender sus primeros pasos.

La inmigración sería el primer frente
El giro más visible estaría en la política migratoria. El programa federal de la AfD propone intensificar las expulsiones de personas obligadas a abandonar el país, ampliar los incentivos al retorno voluntario y revisar la protección cuando considere desaparecidas las circunstancias que la justificaron. El partido agrupa estas medidas bajo el término «remigración» y sostiene que pueden ejecutarse dentro del orden constitucional.

La controversia no se limita a cuántas expulsiones se realizarían. Afecta a quién quedaría incluido, qué garantías conservaría y cómo se distinguiría entre residencia irregular, protección internacional e inmigración laboral. Son situaciones jurídicas diferentes, aunque a menudo se mezclen en el debate político.

El enfrentamiento quedó expuesto el 9 de septiembre: Merz equiparó la remigración que atribuye a la AfD con una limpieza étnica; el partido rechazó esa acusación y defendió la legalidad de sus propuestas. Weidel había asegurado que las personas de origen migrante que trabajan, contribuyen y respetan la ley no debían temer a un Gobierno suyo. La prueba estaría en las decisiones administrativas y legislativas, no en las declaraciones tranquilizadoras ni en las acusaciones de sus adversarios. Acelerar una expulsión legal y retirar garantías de forma indiscriminada no son políticas equivalentes. Tampoco lo son endurecer los requisitos de entrada y tratar el origen familiar como criterio de pertenencia nacional.

La promesa de control y el problema del empleo
Un Gobierno que quisiera reducir la inmigración tendría que responder también a una cuestión práctica: cómo cubriría las necesidades de personal de empresas y servicios. No basta con anunciar menos entradas; es necesario distinguir entre personas sin autorización de residencia, trabajadores establecidos y profesionales que estudian dónde desarrollar su carrera.
En Sajonia-Anhalt, la AfD ha planteado fomentar la digitalización y la inteligencia artificial en las pequeñas y medianas empresas como alternativa a recurrir a determinados trabajadores extranjeros. La automatización puede reducir algunas necesidades laborales, pero no demuestra por sí sola que todas las tareas puedan sustituirse, ni que esa sustitución vaya a producirse con la rapidez necesaria.

El posible coste económico de una política migratoria no dependería exclusivamente de las expulsiones efectivamente ejecutadas. También podría manifestarse si trabajadores cualificados descartaran Alemania por incertidumbre sobre su futuro o el de sus familias. Ese es un riesgo que debe evaluarse, no un resultado que pueda darse por inevitable.

Menos impuestos, pero con una factura pendiente
La oferta económica de la AfD combina desregulación, alivio fiscal y recortes de gasto. Su programa de 2025 propone elevar a 15.000 euros el mínimo exento del impuesto sobre la renta, eliminar el impuesto sobre sucesiones y suprimir los gravámenes sobre el CO₂. También defiende reducir determinadas aportaciones y subvenciones, especialmente las vinculadas al clima, a organizaciones no gubernamentales y a la Unión Europea.

Para un contribuyente que soporta una carga elevada, la promesa resulta comprensible: conservar una mayor parte de sus ingresos. Para una empresa, una reducción de costes y trámites podría liberar recursos. Pero una rebaja fiscal no se financia por el mero hecho de anunciarla. Su alcance depende de qué ingresos se pierden, qué gastos se eliminan y qué efectos tiene el conjunto sobre la actividad.

La distribución de los beneficios tampoco sería uniforme. Suprimir un impuesto sobre las herencias favorece directamente a quienes recibirían transmisiones gravadas; elevar un mínimo exento actúa sobre otro grupo de contribuyentes. Una familia apenas sujeta al impuesto sobre la renta no obtiene necesariamente el mismo alivio que otra con ingresos superiores. El balance exigiría sumar ambas caras: lo que se ahorra en impuestos y lo que podría cambiar en prestaciones, infraestructuras o servicios. Prometer simultáneamente menos recaudación, más capacidad estatal en áreas prioritarias y disciplina presupuestaria obliga a presentar cuentas compatibles entre sí.

El euro, la apuesta de mayor alcance
La transformación más profunda no se produciría necesariamente en una frontera, sino en la relación con Europa. La AfD propone abandonar el sistema del euro y recuperar una moneda nacional. También plantea sustituir la actual Unión Europea por una asociación de naciones soberanas que conserve ámbitos de cooperación, entre ellos un mercado común. Ese proyecto va mucho más allá de discutir una directiva o negociar una contribución presupuestaria. Su aplicación obligaría a resolver cuestiones sobre contratos, depósitos, deudas, pagos y relaciones comerciales. Que una nueva arquitectura mantuviera todas las ventajas actuales no dependería exclusivamente de la voluntad del Gobierno alemán: requeriría acuerdos con los demás países.

El problema para una empresa no sería únicamente qué moneda aparece en su factura. Tendría que saber en qué divisa paga a sus proveedores, cómo se liquidan sus préstamos y qué riesgo de cambio asume. Para un ahorrador, importaría conocer el tratamiento de sus depósitos y el poder adquisitivo de la moneda resultante.
No existe fundamento para presentar de antemano una cifra exacta de pérdida o ganancia sin definir ese proceso. Sí existe una diferencia esencial entre reclamar mayor autonomía monetaria y demostrar que la transición sería estable. El mayor riesgo del proyecto europeo de la AfD reside en prometer continuidad económica mientras plantea alterar parte de las reglas que la sostienen.

Energía más barata no significa energía inmediata
En energía, la AfD defiende volver a la nuclear, mantener un papel relevante para el carbón y el gas, recuperar las conexiones de Nord Stream y abandonar el Acuerdo de París. Su argumento político es que la estrategia climática encarece la producción y perjudica la competitividad.
El atractivo de una factura menor no elimina las dificultades de ejecución. Reanudar la producción de una central requeriría verificar su estado, obtener autorizaciones y asegurar recursos técnicos y financieros. Una decisión gubernamental puede modificar el marco jurídico, pero no sustituye una instalación, un contrato o una evaluación de seguridad.

La misma cautela debe aplicarse a la promesa de recuperar suministros rusos baratos. El precio dependería de las condiciones comerciales y del contexto político, no únicamente de la preferencia del comprador. Una dependencia renovada tendría que valorarse junto con el eventual ahorro.

Además, cambiar las reglas afecta tanto a quienes consideran excesivo el coste de la transición como a quienes ya han invertido siguiendo esas reglas. La cuestión económica no es solo cuánto cuesta una tecnología, sino cuánto cuesta también interrumpir inversiones, redefinir incentivos y volver a modificar las expectativas de hogares y empresas.

Una relación distinta con Rusia y Ucrania
La política exterior experimentaría otro giro importante. La AfD reclama levantar las sanciones económicas contra Rusia, restablecer las relaciones comerciales y orientar a Ucrania hacia una posición neutral, fuera de la OTAN y de la Unión Europea. También se opone a mantener el apoyo militar a Kiev. Sus defensores presentan ese enfoque como una vía para reducir tensiones y recuperar margen económico. La objeción central es que reducir la presión sobre Moscú no demuestra, por sí mismo, que vaya a obtenerse una paz duradera o una mayor seguridad para los países europeos.

Un Gobierno alemán que modificara sustancialmente su posición alteraría las negociaciones entre aliados. Podría dificultar acuerdos comunes y obligar a otros socios a revisar sus compromisos. La magnitud de ese efecto dependería de las decisiones concretas, de la evolución de la guerra y de las respuestas del resto de Europa.

Buscar una negociación es un instrumento diplomático; dar por garantizado su éxito es otra cosa. La evaluación de la propuesta de la AfD tendría que centrarse en las condiciones exigidas, las garantías ofrecidas a Ucrania y los mecanismos previstos para hacerlas cumplir.

El cambio también llegaría a las aulas
La agenda de la AfD no se reduce a impuestos, fronteras y energía. Su programa regional en Sajonia-Anhalt propone clases separadas para los hijos de refugiados, una presencia reforzada de los símbolos nacionales en las escuelas y cambios profundos en la radiotelevisión pública. Es un ejemplo concreto de la transformación cultural que pretende impulsar desde las instituciones.

No todas esas decisiones corresponden al Gobierno federal. Precisamente por eso, una participación regional podría ofrecer al partido un espacio de actuación antes de alcanzar la Cancillería. La educación, la cultura y la financiación de determinadas entidades son ámbitos donde las prioridades políticas pueden adquirir una expresión cotidiana.

La cuestión de fondo sería cómo compatibilizar una identidad nacional promovida por el poder público con el pluralismo de la sociedad. Un currículo escolar, una ayuda cultural o una decisión sobre integración no son simples símbolos: influyen en las oportunidades de las personas y en la manera en que se relacionan con las instituciones. El análisis debe distinguir entre las propuestas efectivamente publicadas y cualquier medida adicional que todavía no exista. Tampoco cabe convertir automáticamente un programa regional en una decisión ya adoptada para toda Alemania.

Los límites constitucionales seguirían existiendo
Una mayoría parlamentaria no permite cualquier reforma. Cambiar la Ley Fundamental exige mayorías de dos tercios en el Bundestag y el Bundesrat. Además, su cláusula de intangibilidad protege principios esenciales, entre ellos la dignidad humana y las bases del orden democrático y federal. La situación judicial de la AfD requiere la misma precisión. El Tribunal Administrativo de Colonia dictó el 26 de febrero de 2026 una resolución cautelar que impide provisionalmente al servicio federal de inteligencia interior clasificar al partido como una organización de extremismo acreditado. No fue una sentencia definitiva sobre el fondo ni una anulación general de las evaluaciones relativas a sus organizaciones regionales. La rama de Sajonia-Anhalt está clasificada como extremista de derechas por la autoridad competente del estado.

Por tanto, ni una caracterización política sustituye una resolución judicial ni una medida cautelar equivale a una absolución global. También sería incorrecto confundir vigilancia de inteligencia, clasificación administrativa y prohibición de un partido: son actuaciones diferentes.

Los contrapesos limitarían las decisiones de cualquier Gobierno de Weidel, pero no harían irrelevante su llegada al poder. Dentro del marco vigente existe un margen considerable para cambiar prioridades, asignar recursos y orientar la administración. Ahí se mediría buena parte de su capacidad real de transformación.

Una ruptura posible, no un futuro escrito
La Alemania que propone la AfD sería más restrictiva en inmigración, menos comprometida con la política climática actual, favorable a rebajas fiscales y partidaria de revisar profundamente sus relaciones con la Unión Europea y Rusia. La dirección general está expresada en sus programas; sus resultados no están demostrados. El desenlace dependería de las mayorías que consiguiera, de las concesiones que tuviera que aceptar, de las resoluciones judiciales y de la respuesta de empresas, trabajadores y socios internacionales. Una victoria regional no permite anticipar todo ese recorrido.

La pregunta decisiva ya no es únicamente cuánto puede crecer Alice Weidel en las urnas. Es qué partes de su proyecto podrían convertirse en políticas sostenibles, quién asumiría sus costes y qué quedaría de sus promesas al confrontarlas con la responsabilidad de gobernar. Ese examen exige algo más que entusiasmo o alarma: exige distinguir el cambio anunciado del cambio que realmente sería posible.