Berliner Boersenzeitung - Havaianas, camiseta verdeamarela y cerveza en mano: la "torcida" ríe y sufre en EEUU

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Havaianas, camiseta verdeamarela y cerveza en mano: la "torcida" ríe y sufre en EEUU
Havaianas, camiseta verdeamarela y cerveza en mano: la "torcida" ríe y sufre en EEUU / Foto: Paul ELLIS - AFP

Havaianas, camiseta verdeamarela y cerveza en mano: la "torcida" ríe y sufre en EEUU

Llegan al estadio hablando en voz alta, riendo, bailando y haciéndose selfis. ¿El uniforme? Camiseta de Brasil, shorts y havaianas. Es la "torcida" que llega, al ritmo del batuque, a apoyar a su selección.

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Los celebraron por última vez en Japón-Corea 2002, y los sufrieron en casa en 2014, cuando Alemania atropelló 7-1 a su querida Canarinha en semifinales. Este lunes estuvieron con el corazón -y la cerveza- en la mano en la agónica clasificación de su país a octavos de final tras derrotar 2-1 a Japón.

A inicios del siglo XX, el cronista Henrique Maximiano Coelho Netto observó que los elegantes asistentes a los estadios, sobre todo mujeres, durante la tensión del juego, apretaban o torcían los guantes o pañuelos que sostenían en sus manos. De allí que pasó a denominarse "torcedor", a quien apoya al equipo.

Y son esos "torcedores" los que se han ido adaptando a los tiempos y al inclemente clima tropical de su país. La mayoría llega vistiendo la camiseta de la selección, pero también se aceptan las de su propio club local. Los shorts son el común denominador y, en muchos casos, calzan las tradicionales sandalias havaianas, una símbolo de democracia en los pies brasileños.

"El torcedor viene calzando 'chinelos' (sandalias), no consigue estar sentado, bebe y se divierte como si estuviese en una fiesta con la familia", cuenta a la AFP Fabio Oliveira, de 52 años, quien llegó con la familia al Houston Stadium para el duelo contra Japón.

Solo que -y esto también hace parte del paquete- compraron las entradas para este juego después de haber bebido mucho y eso trae consecuencias. "Compramos las entradas cuando estábamos borrachos entonces los hombres están aquí conmigo y las mujeres en la tribuna opuesta", confesó.

- Válvula de escape -

Como ha ocurrido en la mayor parte del mundo, Brasil no ha estado exento de la polarización política. La camiseta verdeamarela fue ampliamente utilizada por la ultraderecha brasileña y se politizó. Pero los fanáticos se han ido aglutinando nuevamente en torno a la Canarinha.

"Es una pasión indescriptible, es una pasión que tenemos independiente de las diferencias políticas, la economía, lo que fuera. Cuando hay Copa del Mundo, todos somos uno. Es desesperación, es grito, es emoción, es alegría", considera Luciana Saavedra, una brasileña de 50 años que vive en Los Ángeles y viajó con su hija para el juego.

Acostumbrada por décadas solo a triunfos, últimamente la "torcida" ha sido sorprendida con desempeños discretos que la apagan momentáneamente.

El lunes el hombre del Newcastle Bruno Guimarães pidió insistentemente desde el campo que la tribuna siguiese alentando y que el sonido del batuque, la percusión afrobrasileña, no se detuviese.

El gol del empate los hizo resucitar. La "torcida" es el lugar feliz de muchos.

"El torcedor brasileño es una persona que tiene mucho sufrimiento en el país y tiene al fútbol como una válvula de escape para olvidar los problemas. Es un sueño estar aquí, gastamos lo que podemos para venir, es maravilloso", comentó Oliveira.

Además, salvo que no sean sus eternos archirrivales argentinos, la "torcida" puede terminar en abrazos y besos con sus contrincantes, como ocurrió en su debut ante Marruecos, donde cantaron junto con los oponentes en Times Square. Y así fue el lunes también ante Japón.

"Todo fue muy loco, muy emocionante. Pese a que soy una fanática de Brasil, estuve cantando con los japoneses, y los japoneses estuvieron cantando para Brasil, Fue un gran momento. Todos aquí vienen por amor al deporte", dijo Lis Díaz, de 25 años.

(T.Burkhard--BBZ)