Berliner Boersenzeitung - Arma china: Tierras raras

EUR -
AED 4.231093
AFN 74.875492
ALL 91.658494
AMD 418.622221
ANG 2.062372
AOA 1057.470115
ARS 1742.479142
AUD 1.617263
AWG 2.07347
AZN 1.963162
BAM 1.953219
BBD 2.320744
BDT 141.871929
BGN 1.939203
BHD 0.43431
BIF 3450.024232
BMD 1.151928
BND 1.467255
BOB 12.669315
BRL 5.928165
BSD 1.152282
BTN 110.566549
BWP 15.628283
BYN 3.499161
BYR 22577.787961
BZD 2.317388
CAD 1.607181
CDF 2660.953754
CHF 0.944506
CLF 0.027824
CLP 1098.639742
CNY 7.72529
CNH 7.725618
COP 3613.137231
CRC 515.416742
CUC 1.151928
CUP 30.526091
CVE 110.584944
CZK 24.312418
DJF 204.720679
DKK 7.4755
DOP 67.790458
DZD 153.931823
EGP 60.133289
ERN 17.278919
ETB 185.402861
FJD 2.549159
FKP 0.854657
GBP 0.857662
GEL 2.994976
GGP 0.854657
GHS 13.252963
GIP 0.854657
GMD 85.242266
GNF 10131.569178
GTQ 8.796415
GYD 241.072517
HKD 9.036794
HNL 30.926003
HRK 7.524053
HTG 150.601664
HUF 364.009578
IDR 20379.909419
ILS 3.487462
IMP 0.854657
INR 110.4946
IQD 1509.601588
IRR 1583440.169853
ISK 139.832346
JEP 0.854657
JMD 181.839735
JOD 0.816722
JPY 178.812627
KES 149.186985
KGS 100.735985
KHR 4665.79458
KMF 491.873815
KPW 1036.735528
KRW 1575.393916
KWD 0.355439
KYD 0.960227
KZT 512.347468
LAK 25794.358098
LBP 103184.709886
LKR 381.915375
LRD 199.914985
LSL 18.759594
LTL 3.401344
LVL 0.69679
LYD 7.31833
MAD 10.865743
MDL 20.089369
MGA 4982.308744
MKD 61.448808
MMK 2418.616242
MNT 4141.267563
MOP 9.310396
MRU 46.135084
MUR 54.474656
MVR 17.751627
MWK 2000.364205
MXN 19.762188
MYR 4.686505
MZN 73.605858
NAD 18.759432
NGN 1528.2863
NIO 42.403788
NOK 10.780317
NPR 176.913013
NZD 2.003266
OMR 0.442913
PAB 1.152253
PEN 3.865775
PGK 5.210116
PHP 72.281748
PKR 319.375609
PLN 4.356407
PYG 6817.991386
QAR 4.188865
RON 5.263387
RSD 117.351521
RUB 97.044019
RWF 1700.146217
SAR 4.323272
SBD 9.257181
SCR 16.87597
SDG 692.881616
SEK 11.27328
SGD 1.46781
SHP 0.85499
SLE 28.383197
SLL 24155.343946
SOS 658.52703
SRD 43.488164
STD 23842.582981
STN 24.467565
SVC 10.082634
SYP 14977.367592
SZL 18.757297
THB 38.3425
TJS 10.627712
TMT 4.031748
TND 3.373443
TOP 2.773566
TRY 56.050509
TTD 7.81244
TWD 36.635344
TZS 3046.852956
UAH 51.386803
UGX 4511.039562
USD 1.151928
UYU 46.358746
UZS 13585.050069
VES 968.983378
VND 29948.398995
VUV 136.108365
WST 3.15252
XAF 655.957
XAG 0.017898
XAU 0.000265
XCD 3.113143
XCG 2.076647
XDR 0.814473
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 272.42826
ZAR 18.767498
ZMK 10368.737374
ZMW 22.613023
ZWL 370.920332
SSP 6514.479165
MXV 2.240763

Arma china: Tierras raras




La tensión entre Washington y Pekín no se dirime solo en los actos diplomáticos ni en los titulares de las redes sociales. Desde comienzos de octubre de 2025, China ha puesto en marcha una ofensiva menos visible, pero más efectiva, al restringir la salida de materias primas imprescindibles para la industria occidental: las tierras raras y los imanes que se fabrican con ellas. Estas medidas se produjeron un día antes de que Donald Trump, recién instalado en su segundo mandato, anunciara aranceles del 100 % sobre todas las importaciones chinas a partir del 1 de noviembre. El enfrentamiento comercial ha entrado así en una nueva fase en la que Pekín ha desempolvado su arma más eficaz: controlar los suministros que alimentan la revolución tecnológica y militar de Estados Unidos y sus aliados.

El alcance de las restricciones
El 9 de octubre Pekín amplió de forma drástica su control sobre la exportación de tierras raras. La nueva normativa obliga a que cualquier magneto o producto semiconductores producido en el extranjero que contenga al menos un 0,1 % de materias primas de origen chino —o que utilice tecnologías chinas de minería, procesado o fabricación— necesite una licencia para su exportación. Además, el Ministerio de Comercio prohibió prácticamente todos los envíos a industrias vinculadas con ejércitos extranjeros, lo que supone un veto de facto a las cadenas de suministro de defensa estadounidenses desde el 1 de diciembre. En paralelo, Pekín extendió sus controles a cinco elementos adicionales, de modo que ya restringe 12 de los 17 metales raros. La extraterritorialidad de la medida —inspirada en las reglas estadounidenses sobre productos de origen estadounidense— permite a China influir en operaciones entre terceros países.

China justifica estas medidas por motivos de seguridad nacional, pero la estrategia está pensada para maximizar su ventaja. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el país produce alrededor del 70 % de las tierras raras del mundo, realiza el 90 % del procesado y controla el 93 % de la fabricación de imanes. Esta hegemonía convierte a las tierras raras en un instrumento de presión sobre EE. UU. equiparable a las restricciones estadounidenses sobre chips avanzados. Como reconoció el exsecretario de Comercio Wilbur Ross, ceder una parte del negocio proporciona a Pekín un “buen rendimiento” en forma de influencia: puede racionar suministros sin violar formalmente acuerdos comerciales.

Un mercado y unas industrias vulnerables
Las repercusiones se dejaron sentir de inmediato. Tras el anuncio de Pekín, Trump respondió con un incremento arancelario generalizado y controles a la exportación de software estadounidense, provocando el desplome de los índices bursátiles en Wall Street. China replicó imponiendo nuevas tasas portuarias a los buques estadounidenses y extendió las restricciones a las baterías de ion‑litio y a los componentes relacionados, un sector en el que también es líder mundial. Se trata de un abanico de medidas diseñado para multiplicar los puntos de presión sobre la economía estadounidense.

El sector que más rápidamente percibe el golpe es el de la defensa. Los aviones de combate F‑35 incorporan cerca de 920 libras de tierras raras en motores, radares y sistemas de guía. Las restricciones chinas afectan además a submarinos, misiles Tomahawk, drones y otros sistemas que dependen de imanes permanentes. La fabricación de vehículos eléctricos y aerogeneradores tampoco queda al margen: un coche eléctrico necesita alrededor de un kilogramo de estos materiales en sus motores, y un modelo eólico requiere cientos de kilogramos de imanes de neodimio. En sectores como la electrónica o la energía renovable no existen sustitutos comerciales para estos metales, por lo que cualquier interrupción en el suministro repercute de forma inmediata en los precios y la producción.

Europa y otros aliados de Washington son igualmente dependientes. En 2023 la Unión Europea importó el 98 % de sus tierras raras de China. Japón ha logrado reducir su dependencia al 58 %, pero Corea del Sur seguía importando el 94 % en 2024. Los nuevos controles no solo limitan la entrada de materias primas, sino que dificultan también el acceso a conocimientos y tecnologías de procesado: las autoridades chinas han prohibido a sus especialistas colaborar en proyectos extranjeros sin autorización. La complejidad de las cadenas de suministro —con hasta una docena de etapas de procesado repartidas por varios países— incrementa los riesgos de interrupción.

¿Por qué las tierras raras son la “mejor arma”?
Los metales raros son esenciales para más de 200 aplicaciones tecnológicas, desde pantallas y catalizadores hasta satélites y sistemas de guía. La hegemonía china en todas las fases de la cadena de valor otorga al gobierno de Xi Jinping una capacidad de coacción comparable a la que Estados Unidos ejerce en el sector de los semiconductores. Pekín ha decidido utilizar esa ventaja no solo como represalia por los aranceles estadounidenses, sino también como palanca de negociación en vísperas de la cumbre bilateral prevista para finales de octubre. Al prohibir exportaciones a las industrias militares y exigir licencias para cualquier producto que contenga una mínima fracción de tierras raras chinas, el gobierno puede frenar las líneas de producción de aviones, vehículos y equipos electrónicos estadounidenses.

Ross ha comparado la maniobra con un sistema de racionamiento encubierto: retrasar o denegar licencias permite a Pekín ajustar el grifo del suministro a su conveniencia. De momento, Washington dispone de reservas que fueron acumuladas durante el inicio de la guerra comercial, pero las existencias apenas cubren unos pocos meses de consumo. Las empresas estadounidenses están intentando diversificar proveedores —con inversiones en Australia, Pakistán y California— y el Departamento de Guerra ha tomado participaciones en productores locales para levantar plantas de separación y fabricación. Sin embargo, estas instalaciones tardarán años en funcionar a plena capacidad, mientras que China puede activar o desactivar sus controles de inmediato.

Más allá de las tierras raras
La ofensiva china incluye otros elementos. El mismo día que se anunciaron los controles a las tierras raras, Pekín amplió las restricciones a la exportación de baterías de ion‑litio y de los equipos necesarios para su producción. Estas baterías son imprescindibles para los coches eléctricos, las redes de almacenamiento de energía y muchos dispositivos electrónicos. Además, el gobierno ha introducido tasas a los buques estadounidenses y ha utilizado su peso en el mercado de divisas para fortalecer su moneda: según el Banco de Pagos Internacionales, el yuan aumentó su participación en las transacciones globales al 8,5 % en 2025. Aunque el dólar sigue siendo la divisa dominante, este avance indica que la internacionalización del yuan podría convertirse en otra herramienta de presión financiera.

Un pulso con final abierto
La pugna entre EE. UU. y China se ha trasladado así al terreno de los suministros estratégicos. La Casa Blanca confía en que sus inversiones en minería y procesamiento doméstico reduzcan la dependencia de Pekín, pero la Agencia Internacional de la Energía prevé que, incluso en 2030, China seguirá controlando más de la mitad de la producción y el refinado de tierras raras. El plazo de puesta en marcha de una mina de tierras raras en Estados Unidos ronda los 29 años, mientras que la demanda crece rápidamente por la transición energética y el rearme mundial. Con las negociaciones en marcha y nuevas restricciones en el horizonte, las tierras raras se han convertido en el arma no convencional con la que Pekín busca reequilibrar la balanza en la guerra comercial. Su eficacia radica en que, por ahora, no existe sustituto ni alternativa global que anule su poder.