Berliner Boersenzeitung - Arma china: Tierras raras

EUR -
AED 4.23802
AFN 75.009645
ALL 91.822462
AMD 419.371076
ANG 2.066061
AOA 1059.361499
ARS 1739.938845
AUD 1.617987
AWG 2.078622
AZN 1.96195
BAM 1.956713
BBD 2.324895
BDT 142.125725
BGN 1.942672
BHD 0.43519
BIF 3452.526508
BMD 1.153989
BND 1.46988
BOB 12.691979
BRL 5.942696
BSD 1.154344
BTN 110.764342
BWP 15.65624
BYN 3.505421
BYR 22618.177576
BZD 2.321533
CAD 1.608372
CDF 2668.601419
CHF 0.944638
CLF 0.027877
CLP 1100.731891
CNY 7.744937
CNH 7.738861
COP 3605.787561
CRC 516.338776
CUC 1.153989
CUP 30.580699
CVE 110.316493
CZK 24.317997
DJF 205.556839
DKK 7.475296
DOP 68.141511
DZD 154.49369
EGP 60.241788
ERN 17.30983
ETB 188.544523
FJD 2.553719
FKP 0.856186
GBP 0.857708
GEL 3.000867
GGP 0.856186
GHS 13.257246
GIP 0.856186
GMD 84.837295
GNF 10149.693636
GTQ 8.812151
GYD 241.503774
HKD 9.052683
HNL 30.981327
HRK 7.534742
HTG 150.871076
HUF 364.288252
IDR 20411.751273
ILS 3.493701
IMP 0.856186
INR 110.685058
IQD 1512.199303
IRR 1586272.80065
ISK 139.81731
JEP 0.856186
JMD 182.16503
JOD 0.818235
JPY 178.930566
KES 149.45276
KGS 100.916189
KHR 4674.141263
KMF 492.752932
KPW 1038.590154
KRW 1578.286984
KWD 0.356051
KYD 0.961945
KZT 513.264011
LAK 25840.501864
LBP 103369.297972
LKR 382.598587
LRD 200.272614
LSL 18.793154
LTL 3.407429
LVL 0.698036
LYD 7.331422
MAD 10.885181
MDL 20.125307
MGA 4991.221642
MKD 61.558734
MMK 2422.942927
MNT 4148.675915
MOP 9.327052
MRU 46.218574
MUR 54.549391
MVR 17.763357
MWK 2001.642987
MXN 19.780751
MYR 4.667653
MZN 73.751759
NAD 18.792991
NGN 1531.250478
NIO 42.479644
NOK 10.7937
NPR 177.229494
NZD 2.003018
OMR 0.443708
PAB 1.154314
PEN 3.872691
PGK 5.219436
PHP 72.405291
PKR 319.946943
PLN 4.356918
PYG 6830.188154
QAR 4.196359
RON 5.264035
RSD 117.381466
RUB 97.310084
RWF 1703.187624
SAR 4.331006
SBD 9.273741
SCR 15.783059
SDG 694.122339
SEK 11.277793
SGD 1.469339
SHP 0.856519
SLE 28.434169
SLL 24198.555665
SOS 659.705075
SRD 43.565958
STD 23885.235199
STN 24.511335
SVC 10.100671
SYP 15004.160744
SZL 18.790852
THB 38.34735
TJS 10.646724
TMT 4.0505
TND 3.379477
TOP 2.778528
TRY 56.150837
TTD 7.826416
TWD 36.669375
TZS 3052.303433
UAH 51.478729
UGX 4519.109402
USD 1.153989
UYU 46.441678
UZS 13609.352491
VES 970.716816
VND 30001.973964
VUV 136.35185
WST 3.15816
XAF 655.957
XAG 0.017845
XAU 0.000265
XCD 3.118712
XCG 2.080362
XDR 0.81593
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 272.933541
ZAR 18.761513
ZMK 10387.282953
ZMW 22.653476
ZWL 371.583875
SSP 6526.132978
MXV 2.242868

Arma china: Tierras raras




La tensión entre Washington y Pekín no se dirime solo en los actos diplomáticos ni en los titulares de las redes sociales. Desde comienzos de octubre de 2025, China ha puesto en marcha una ofensiva menos visible, pero más efectiva, al restringir la salida de materias primas imprescindibles para la industria occidental: las tierras raras y los imanes que se fabrican con ellas. Estas medidas se produjeron un día antes de que Donald Trump, recién instalado en su segundo mandato, anunciara aranceles del 100 % sobre todas las importaciones chinas a partir del 1 de noviembre. El enfrentamiento comercial ha entrado así en una nueva fase en la que Pekín ha desempolvado su arma más eficaz: controlar los suministros que alimentan la revolución tecnológica y militar de Estados Unidos y sus aliados.

El alcance de las restricciones
El 9 de octubre Pekín amplió de forma drástica su control sobre la exportación de tierras raras. La nueva normativa obliga a que cualquier magneto o producto semiconductores producido en el extranjero que contenga al menos un 0,1 % de materias primas de origen chino —o que utilice tecnologías chinas de minería, procesado o fabricación— necesite una licencia para su exportación. Además, el Ministerio de Comercio prohibió prácticamente todos los envíos a industrias vinculadas con ejércitos extranjeros, lo que supone un veto de facto a las cadenas de suministro de defensa estadounidenses desde el 1 de diciembre. En paralelo, Pekín extendió sus controles a cinco elementos adicionales, de modo que ya restringe 12 de los 17 metales raros. La extraterritorialidad de la medida —inspirada en las reglas estadounidenses sobre productos de origen estadounidense— permite a China influir en operaciones entre terceros países.

China justifica estas medidas por motivos de seguridad nacional, pero la estrategia está pensada para maximizar su ventaja. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el país produce alrededor del 70 % de las tierras raras del mundo, realiza el 90 % del procesado y controla el 93 % de la fabricación de imanes. Esta hegemonía convierte a las tierras raras en un instrumento de presión sobre EE. UU. equiparable a las restricciones estadounidenses sobre chips avanzados. Como reconoció el exsecretario de Comercio Wilbur Ross, ceder una parte del negocio proporciona a Pekín un “buen rendimiento” en forma de influencia: puede racionar suministros sin violar formalmente acuerdos comerciales.

Un mercado y unas industrias vulnerables
Las repercusiones se dejaron sentir de inmediato. Tras el anuncio de Pekín, Trump respondió con un incremento arancelario generalizado y controles a la exportación de software estadounidense, provocando el desplome de los índices bursátiles en Wall Street. China replicó imponiendo nuevas tasas portuarias a los buques estadounidenses y extendió las restricciones a las baterías de ion‑litio y a los componentes relacionados, un sector en el que también es líder mundial. Se trata de un abanico de medidas diseñado para multiplicar los puntos de presión sobre la economía estadounidense.

El sector que más rápidamente percibe el golpe es el de la defensa. Los aviones de combate F‑35 incorporan cerca de 920 libras de tierras raras en motores, radares y sistemas de guía. Las restricciones chinas afectan además a submarinos, misiles Tomahawk, drones y otros sistemas que dependen de imanes permanentes. La fabricación de vehículos eléctricos y aerogeneradores tampoco queda al margen: un coche eléctrico necesita alrededor de un kilogramo de estos materiales en sus motores, y un modelo eólico requiere cientos de kilogramos de imanes de neodimio. En sectores como la electrónica o la energía renovable no existen sustitutos comerciales para estos metales, por lo que cualquier interrupción en el suministro repercute de forma inmediata en los precios y la producción.

Europa y otros aliados de Washington son igualmente dependientes. En 2023 la Unión Europea importó el 98 % de sus tierras raras de China. Japón ha logrado reducir su dependencia al 58 %, pero Corea del Sur seguía importando el 94 % en 2024. Los nuevos controles no solo limitan la entrada de materias primas, sino que dificultan también el acceso a conocimientos y tecnologías de procesado: las autoridades chinas han prohibido a sus especialistas colaborar en proyectos extranjeros sin autorización. La complejidad de las cadenas de suministro —con hasta una docena de etapas de procesado repartidas por varios países— incrementa los riesgos de interrupción.

¿Por qué las tierras raras son la “mejor arma”?
Los metales raros son esenciales para más de 200 aplicaciones tecnológicas, desde pantallas y catalizadores hasta satélites y sistemas de guía. La hegemonía china en todas las fases de la cadena de valor otorga al gobierno de Xi Jinping una capacidad de coacción comparable a la que Estados Unidos ejerce en el sector de los semiconductores. Pekín ha decidido utilizar esa ventaja no solo como represalia por los aranceles estadounidenses, sino también como palanca de negociación en vísperas de la cumbre bilateral prevista para finales de octubre. Al prohibir exportaciones a las industrias militares y exigir licencias para cualquier producto que contenga una mínima fracción de tierras raras chinas, el gobierno puede frenar las líneas de producción de aviones, vehículos y equipos electrónicos estadounidenses.

Ross ha comparado la maniobra con un sistema de racionamiento encubierto: retrasar o denegar licencias permite a Pekín ajustar el grifo del suministro a su conveniencia. De momento, Washington dispone de reservas que fueron acumuladas durante el inicio de la guerra comercial, pero las existencias apenas cubren unos pocos meses de consumo. Las empresas estadounidenses están intentando diversificar proveedores —con inversiones en Australia, Pakistán y California— y el Departamento de Guerra ha tomado participaciones en productores locales para levantar plantas de separación y fabricación. Sin embargo, estas instalaciones tardarán años en funcionar a plena capacidad, mientras que China puede activar o desactivar sus controles de inmediato.

Más allá de las tierras raras
La ofensiva china incluye otros elementos. El mismo día que se anunciaron los controles a las tierras raras, Pekín amplió las restricciones a la exportación de baterías de ion‑litio y de los equipos necesarios para su producción. Estas baterías son imprescindibles para los coches eléctricos, las redes de almacenamiento de energía y muchos dispositivos electrónicos. Además, el gobierno ha introducido tasas a los buques estadounidenses y ha utilizado su peso en el mercado de divisas para fortalecer su moneda: según el Banco de Pagos Internacionales, el yuan aumentó su participación en las transacciones globales al 8,5 % en 2025. Aunque el dólar sigue siendo la divisa dominante, este avance indica que la internacionalización del yuan podría convertirse en otra herramienta de presión financiera.

Un pulso con final abierto
La pugna entre EE. UU. y China se ha trasladado así al terreno de los suministros estratégicos. La Casa Blanca confía en que sus inversiones en minería y procesamiento doméstico reduzcan la dependencia de Pekín, pero la Agencia Internacional de la Energía prevé que, incluso en 2030, China seguirá controlando más de la mitad de la producción y el refinado de tierras raras. El plazo de puesta en marcha de una mina de tierras raras en Estados Unidos ronda los 29 años, mientras que la demanda crece rápidamente por la transición energética y el rearme mundial. Con las negociaciones en marcha y nuevas restricciones en el horizonte, las tierras raras se han convertido en el arma no convencional con la que Pekín busca reequilibrar la balanza en la guerra comercial. Su eficacia radica en que, por ahora, no existe sustituto ni alternativa global que anule su poder.