Berliner Boersenzeitung - Un cartel desafía al estado

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Un cartel desafía al estado




La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», abatido por el Ejército mexicano en Tapalpa a finales de febrero de 2026 con apoyo de inteligencia estadounidense, marcó el fin de una época. Hasta entonces el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) había sido considerado la organización criminal más poderosa del país. Con su caída, el Gobierno de Claudia Sheinbaum y la Administración de Donald Trump anunciaron una gran victoria en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, analistas señalan que este golpe podría desatar una guerra interna: el CJNG no es un grupo monolítico, sino una red descentralizada que opera como una franquicia y participa en prácticamente todos los mercados ilícitos, desde el fentanilo hasta la extorsión. Su estructura fue diseñada para sobrevivir a la ausencia de su fundador, por lo que la caída del líder abre la puerta a disputas entre sus distintas células regionales.

La fragmentación no es un fenómeno nuevo. Desde 2006, cuando el Gobierno de Felipe Calderón militarizó la lucha contra las drogas con apoyo de Estados Unidos, cada vez que se elimina a un capo surge una lucha sucesoria y aparecen nuevos grupos criminales. El resultado es más violencia y desplazamientos masivos. Aun así, los cárteles se refuerzan y amplían su control territorial. Dos décadas después, amplias zonas del país han pasado de ser seguras a inseguras; hasta 30 000 mexicanos mueren cada año en actos de violencia relacionados con el crimen y cientos de miles han sido desplazados.

La amenaza del CJNG tras la caída de su jefe
Los expertos coinciden en que el CJNG no se ha debilitado estructuralmente. El investigador Carlos Malamud destaca que la gran diferencia con los cárteles de antaño es su capacidad para operar de forma «poliactiva», diversificando su negocio y controlando rutas, mercados locales y sistemas de extorsión. La organización ha perfeccionado un modelo de franquicia: en lugar de enviar a sus propios hombres a todas partes, arrienda sus siglas y métodos a bandas locales a cambio de una parte de las ganancias. Para ello emplea tecnología punta, desde drones hasta vehículos blindados caseros, y contrata ingenieros y especialistas. Esta capacidad le permite instalarse en zonas donde el aparato estatal es débil.

La ausencia del heredero natural Rubén Oseguera González («El Menchito»), extraditado a Estados Unidos en 2020 y sometido a juicios por narcotráfico y uso de armas, alimenta el riesgo de una guerra interna. La sucesión podría recaer en diversos brazos armados regionales que intentarán imponerse violentamente. Para la sociedad mexicana, esto se traduce en posibles enfrentamientos en Jalisco, Michoacán, Guerrero y otros estados donde las células del CJNG disputan territorios.

La rebelión de los pueblos en Guerrero
El vacío de autoridad y la violencia creciente no solo provienen del CJNG. En las montañas de Guerrero, un panorama de grupos armados rivales, bandas locales y fuerzas de autodefensa refleja la complejidad del conflicto. En Guajes de Ayala, un grupo de unas 50 personas se ha organizado desde 2020 para evitar que el cártel La Nueva Familia Michoacana (LNFM) se apodere de sus comunidades. Armados con fusiles AK‑47, granadas y otros equipos militares introducidos clandestinamente desde Estados Unidos, patrullan la zona y vigilan con drones la presencia de unos cien pistoleros del cártel. El líder Javier Hernández explica que no quieren pertenecer a ninguna organización criminal ni ceder el territorio.

Esta autodefensa surgió cuando la LNFM intentó tomar el control de siete comunidades a lo largo de una ruta estratégica hacia el puerto de Acapulco y comenzó a talar ilegalmente y a reclutar por la fuerza a los habitantes. Al no recibir protección del Ejército ni de la policía, los vecinos decidieron armarse. Durante casi un año se sucedieron tiroteos; muchas familias huyeron, reduciendo la población de 1 600 a 400 personas. Tras una pausa, el cártel regresó con laboratorios de fentanilo y drones. Actualmente, los pueblos están casi desiertos, con casas vacías y escuelas cerradas; algunos habitantes no han vuelto a ver a sus familiares en años.

Guerrero es uno de los estados más afectados por la fragmentación de los cárteles. Un informe de la DEA señala que en la región operan al menos cinco cárteles, además de bandas locales y grupos de autodefensas; muchos de estos últimos han sido cooptados por cárteles rivales o han derivado en fuerzas paramilitares. La proliferación de grupos armados es un desafío para la presidenta Sheinbaum, que, bajo presión de Washington, intenta reducir la violencia sin aceptar tropas extranjeras.

Designación como grupo terrorista y sanciones
La Nueva Familia Michoacana ha pasado de ser un grupo criminal regional a un enemigo declarado de Estados Unidos. En febrero de 2025, el Departamento de Estado la designó Organización Terrorista Extranjera y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro sancionó a sus dirigentes. La nota oficial subraya que la LNFM, basada en Guerrero y Michoacán, trafica fentanilo, metanfetamina, heroína y cocaína a Estados Unidos y ha utilizado drones para lanzar bombas contra rivales, secuestrar y extorsionar comunidades mexicanas. La designación implica el bloqueo de los bienes de sus líderes y la prohibición a cualquier persona estadounidense de realizar transacciones con ellos.

A pesar de estas medidas, la fuerza del cártel no depende únicamente de sus líderes. Los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, conocidos como «Los Hermanos Hurtado», continúan coordinando las actividades criminales desde refugios en la sierra, mientras que otros miembros de la familia se encargan del lavado de dinero, el tráfico de armas y la minería ilegal. La colaboración entre la LNFM y células locales, así como el empleo de drones y explosivos, revela un nivel de organización militar que supera el control de muchos gobiernos estatales.

La respuesta de Estados Unidos: ¿hacia una guerra?
Tras la muerte de «El Mencho», la Casa Blanca endureció su discurso. La secretaria de prensa Karoline Leavitt advirtió que los cárteles «no pueden tocar a un solo estadounidense o afrontarán graves consecuencias». Confirmó que la operación para abatir al jefe del CJNG contó con participación estadounidense y recordó que Washington designó a los cárteles como organizaciones terroristas y utiliza «medidas letales» contra narcolanchas. En entrevista con Fox News, Leavitt señaló que Estados Unidos está coordinando y presionando al Gobierno mexicano para intensificar la lucha contra el narcotráfico. Los disturbios posteriores a la muerte de Oseguera Cervantes, con 25 militares mexicanos muertos y decenas de bloqueos y ataques, refuerzan la percepción de que los cárteles responden de forma violenta ante cada golpe.

Donald Trump no se ha limitado a advertencias. En marzo de 2026, durante la cumbre «Escudo de las Américas» celebrada en Florida, firmó una proclamación que establece como prioridad la destrucción de los cárteles y la movilización de ejércitos aliados para desmantelarlos. México fue excluido del encuentro, lo que, según el exdirector de operaciones internacionales de la DEA Mike Vigil, se debe a la negativa de la presidenta Sheinbaum a permitir el ingreso de tropas estadounidenses. Trump comparó a los cárteles con Al Qaeda e ISIS y señaló a México como origen de la problemática. Vigil advirtió que la estrategia de atacar militarmente a los cárteles podría causar la muerte de civiles y que la verdadera solución requiere intercambio de información y cooperación conjunta.

Debate sobre la militarización y las causas profundas
Los reclamos de Washington chocan con un creciente consenso entre académicos y organizaciones civiles: no existe una solución militar al problema de los cárteles. Desde 2006, cada operativo militar ha provocado más violencia y ha dado origen a grupos aún más peligrosos. El artículo de Antonio de Loera-Brust en La Razón explica que los cárteles no son ejércitos con ideología, sino actores económicos que satisfacen una demanda enorme en Estados Unidos. Eliminar un cártel no erradica el narcotráfico, de la misma manera que cerrar un banco no elimina el sector financiero. El origen de la violencia está en la demanda de drogas en Estados Unidos y en la abundancia de armas de grado militar que cruzan la frontera. El autor propone sancionar a los consumidores estadounidenses, limitar la producción de fentanilo mediante acuerdos internacionales y reducir el flujo de armas desde el norte.

Los grupos de autodefensa de Guerrero encarnan este debate: sus miembros se ven obligados a comprar armas a los mismos cárteles que combaten y algunos ex integrantes del CJNG se han sumado a sus filas. Mientras la comunidad pide apoyo estatal, teme que el Ejército los trate como criminales o los abandone a su suerte. Muchos habitantes, así como comentaristas anónimos en internet, sostienen que la presencia militar estadounidense sólo agravaría la violencia y que la prioridad debe ser acabar con la corrupción, la pobreza y la falta de oportunidades que nutren a los cárteles.

Perspectivas y recomendaciones
La mezcla de un cártel sin líder pero con gran capacidad operativa, una autodefensa desesperada y la presión de una potencia extranjera ha creado un escenario explosivo. Para evitar que el conflicto escale en una guerra abierta, se necesitan acciones en varios niveles:

-  Fortalecimiento institucional en México: el Estado debe recuperar territorios mediante una combinación de seguridad y desarrollo. Esto incluye reforzar las fuerzas de policía locales, mejorar la capacitación y supervisión del Ejército y combatir la corrupción a todos los niveles. También debe garantizar servicios básicos en las zonas rurales para evitar que los cárteles se erijan en autoridades de facto.

-  Reducción de la demanda y control de armas en Estados Unidos: Sin un mercado lucrativo al norte del Río Grande, los cárteles pierden su razón de ser. Washington debería endurecer las sanciones contra el consumo de drogas y el tráfico de precursores químicos, ampliar programas de rehabilitación y controlar el flujo de armas que llega a México. La aprobación de la Ley ARMAS y la persecución de redes de contrabando son pasos esenciales.

-  Cooperación respetuosa entre países: La lucha contra organizaciones transnacionales exige inteligencia compartida, operaciones conjuntas y acciones financieras para perseguir el lavado de dinero. Pero estas acciones deben respetar la soberanía de México y evitar intervenciones militares unilaterales que puedan desestabilizar la región.

-  Abordar las causas socioeconómicas: La pobreza, la falta de oportunidades y la debilidad del sistema de justicia alimentan el reclutamiento de jóvenes por parte de los cárteles. Programas de desarrollo rural, inversión en educación, salud y empleo pueden reducir la base social de apoyo a las organizaciones criminales.

Conclusión y perspectivas de futuro
El cartel que desafía al Gobierno de México no es una única banda, sino un entramado de organizaciones que aprovechan la falta de Estado, la demanda internacional de drogas y el flujo ilegal de armas. La respuesta del Gobierno, presionado por Estados Unidos, se enfrenta al dilema de militarizar o buscar soluciones estructurales. La historia muestra que cada liderazgo abatido genera más violencia. Mientras tanto, los habitantes de Guajes de Ayala vigilan con fusiles y granadas las montañas que los gobiernos han olvidado. Su lucha refleja la urgencia de diseñar políticas integrales que vayan más allá de las balas y busquen restaurar la seguridad y la justicia en México.