Berliner Boersenzeitung - Mina rara bloqueada en España

EUR -
AED 4.215401
AFN 74.609111
ALL 91.743442
AMD 416.891958
ANG 2.055032
AOA 1052.558585
ARS 1736.38229
AUD 1.613807
AWG 2.066091
AZN 1.969947
BAM 1.956761
BBD 2.312995
BDT 141.029237
BGN 1.932302
BHD 0.432913
BIF 3454.935973
BMD 1.147829
BND 1.465294
BOB 11.684533
BRL 5.891347
BSD 1.148344
BTN 110.113059
BWP 15.573374
BYN 3.491053
BYR 22497.438932
BZD 2.309714
CAD 1.606702
CDF 2651.483661
CHF 0.946735
CLF 0.027748
CLP 1095.660028
CNY 7.697798
CNH 7.69739
COP 3597.937356
CRC 513.743266
CUC 1.147829
CUP 30.417456
CVE 110.317237
CZK 24.307338
DJF 204.496833
DKK 7.475227
DOP 68.02132
DZD 153.667385
EGP 59.879577
ERN 17.217428
ETB 187.581623
FJD 2.571997
FKP 0.853614
GBP 0.858237
GEL 2.990086
GGP 0.853614
GHS 13.218259
GIP 0.853614
GMD 84.939095
GNF 10095.956527
GTQ 8.762302
GYD 240.22375
HKD 9.005002
HNL 30.823132
HRK 7.53905
HTG 150.089108
HUF 363.101199
IDR 20356.738748
ILS 3.48339
IMP 0.853614
INR 109.953133
IQD 1504.386141
IRR 1577776.38367
ISK 139.783509
JEP 0.853614
JMD 181.225814
JOD 0.813785
JPY 178.792086
KES 148.760191
KGS 100.377205
KHR 4677.214743
KMF 491.270445
KPW 1033.04603
KRW 1587.601765
KWD 0.354232
KYD 0.957053
KZT 511.561147
LAK 25721.403624
LBP 102838.695928
LKR 380.896998
LRD 199.241741
LSL 18.708085
LTL 3.389239
LVL 0.69431
LYD 7.294581
MAD 10.93868
MDL 20.160546
MGA 4987.405075
MKD 61.550218
MMK 2410.05515
MNT 4128.568379
MOP 9.279973
MRU 46.005586
MUR 54.705044
MVR 17.688266
MWK 1991.342936
MXN 19.738633
MYR 4.704606
MZN 73.356338
NAD 18.708085
NGN 1527.701765
NIO 42.260748
NOK 10.823466
NPR 176.177423
NZD 1.999621
OMR 0.441346
PAB 1.148354
PEN 3.877003
PGK 5.109419
PHP 71.988932
PKR 318.311572
PLN 4.358443
PYG 6793.335132
QAR 4.186155
RON 5.262332
RSD 117.36434
RUB 97.240487
RWF 1694.502377
SAR 4.262505
SBD 9.183216
SCR 15.833256
SDG 690.345852
SEK 11.271113
SGD 1.464118
SHP 0.857388
SLE 28.282759
SLL 24069.380767
SOS 656.310775
SRD 43.333396
STD 23757.732844
STN 24.511607
SVC 10.048758
SYP 14924.066669
SZL 18.700855
THB 38.235889
TJS 10.593916
TMT 4.0174
TND 3.378259
TOP 2.763695
TRY 55.871024
TTD 7.796692
TWD 36.608896
TZS 3048.549876
UAH 51.3177
UGX 4513.215726
USD 1.147829
UYU 46.171863
UZS 13522.638828
VES 970.437301
VND 29857.315383
VUV 135.796243
WST 3.148394
XAF 655.957
XAG 0.017719
XAU 0.000264
XCD 3.102064
XCG 2.069716
XDR 0.811574
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 271.634183
ZAR 18.661402
ZMK 10331.834704
ZMW 22.537672
ZWL 369.600314
SSP 6494.615471
MXV 2.237951

Mina rara bloqueada en España




En una zona serrana del sur de Castilla‑La Mancha, a pocos metros bajo una llanura de olivos y cereales, yace un tesoro geológico capaz de redefinir la industria tecnológica europea. En el Campo de Montiel, provincia de Ciudad Real, los geólogos identificaron hace años un yacimiento de monacita gris considerado el mayor depósito de tierras raras localizado en Europa. Este hallazgo podría cubrir gran parte de las necesidades de estos elementos para las fábricas de imanes, motores eléctricos, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos que hoy dependen casi por completo de las importaciones chinas. Sin embargo, el proyecto se encuentra parado, atrapado entre trámites administrativos, recelos vecinales y el debate ambiental.

Las tierras raras son una familia de diecisiete elementos químicos imprescindibles para la transición energética y digital. La República Popular China controla más de la mitad de la extracción mundial y casi todo el procesamiento de estos materiales. Ante esa dependencia, la Unión Europea aprobó recientemente un reglamento sobre materias primas estratégicas que busca asegurar un suministro propio: fija objetivos de extracción y refinado dentro del continente y promete simplificar las autorizaciones. Ese esfuerzo comunitario ha puesto el foco en España como posible proveedor gracias a su geología. Además del litio y otros metales, el país alberga depósitos de cerio, neodimio y otros lantánidos que son clave para la electromovilidad y las tecnologías limpias.

El yacimiento de Campo de Montiel es singular. No se trata de vetas profundas en roca dura como las explotadas en China o Australia, sino de arenas enriquecidas que se extienden como una lengua bajo una veintena de fincas agrícolas. La capa mineralizada, según describen los estudios geológicos, apenas alcanza unos pocos metros de espesor y contiene una concentración alta de monacita gris, un fosfato que reúne muchos de los elementos de tierras raras. A diferencia de los depósitos asiáticos, la proporción de torio es muy baja, por lo que la radiactividad no supone un problema. La extracción podría hacerse con maquinaria similar a la que se usa para excavar grava en los ríos; no sería necesaria la voladura de roca ni el uso de explosivos. Tras separar la monacita mediante cribado en húmedo, el resto del material —un noventa y nueve por ciento de la tierra removida— podría devolverse al lugar para restaurar el entorno.

Las estimaciones internas del proyecto apuntan a una reserva suficiente para alimentar durante varios años la mayor parte de la demanda europea de metales magnéticos como neodimio y praseodimio. También se prevé un notable impacto social: la iniciativa implicaría una inversión millonaria, la creación de empleo directo e indirecto y la dinamización de una comarca castigada por el envejecimiento y la despoblación. En un contexto en el que los fabricantes de automóviles se disputan las baterías y los imanes permanentes, disponer de un suministro estable en suelo comunitario supondría una ventaja competitiva y un paso hacia la autonomía industrial.

Sin embargo, esa promesa se enfrenta a un muro administrativo. La empresa promotora solicitó hace casi una década el permiso de explotación, pero la Junta de Castilla‑La Mancha denegó la autorización ambiental al estimar que existía riesgo de impacto en las aguas subterráneas y en la avifauna esteparia de la zona, incluida la avutarda. Los tribunales refrendaron esa decisión en sucesivas sentencias. Paralelamente, la plataforma ciudadana Sí a la Tierra Viva agrupó a agricultores, ecologistas y habitantes de municipios como Torrenueva y Torre de Juan Abad, preocupados por las consecuencias sobre la salud, el paisaje y el turismo rural. Aunque los impulsores del proyecto alegan que el método de extracción sería reversible y que se aplicaría un plan de restauración, la falta de consenso ha bloqueado cualquier avance.

La paradoja es que mientras en el norte de Suecia el gigante minero estatal LKAB avanza, aunque lentamente, en la tramitación de un yacimiento de óxidos de tierras raras descubierto en 2023, en Ciudad Real una riqueza similar permanece en el subsuelo. En Suecia, la permisología es compleja y se estima que pasará más de una década hasta que la mina entre en producción. En España, la demora es indefinida. El nuevo reglamento europeo prevé declarar algunos proyectos como estratégicos para acortar los plazos, pero la última palabra corresponde a los gobiernos autonómicos y a las comunidades locales. El Ejecutivo central ha insistido en que estas explotaciones deben conciliar desarrollo económico y protección ambiental, y de momento no ha intervenido en el caso manchego.

El debate sobre las tierras raras no se limita a Castilla‑La Mancha. En Galicia, en las inmediaciones del monte Galiñeiro cerca de Vigo, se han identificado arenas con potencial de producir varios miles de toneladas de estos minerales al año. Allí, grupos vecinales y ecologistas también han expresado su rechazo, al considerar que se pondrían en peligro espacios naturales y valores culturales. En Ourense, el cierre de la mina de Penouta —que producía niobio y tantalio— y la revocación de su licencia en 2024 evidencian la dificultad de conciliar minería y medio ambiente. Mientras, otros proyectos en Extremadura, Andalucía o Salamanca exploran la recuperación de metales en escombreras y residuos mineros como parte de una economía circular.

La carrera por las tierras raras refleja las tensiones entre soberanía industrial, conservación de la naturaleza y bienestar de las comunidades. Algunos expertos en minería defienden que, con la tecnología adecuada, la explotación de depósitos superficiales como el de Campo de Montiel puede realizarse con un impacto limitado y reversible. Recuerdan que casi todos los productos modernos dependen de estos elementos y que relegar la extracción a países con regulaciones laxas traslada el problema ambiental a otros lugares. Sus detractores replican que la comarca ya vive de la agricultura y del turismo interior, y que la inseguridad de que un proyecto minero se convierta en una cicatriz sin retorno es demasiado alta. La falta de confianza en las administraciones para vigilar y restaurar el entorno agrava el desacuerdo.

En Madrid y Bruselas, mientras tanto, se multiplican los discursos sobre la autonomía estratégica y la transición ecológica. La Comisión Europea establece que, de aquí a 2030, al menos una décima parte de los recursos críticos consumidos en el bloque deberían extraerse en territorio comunitario y que ningún país pueda suministrar más de dos tercios de un mismo material. Para cumplir esas metas habrá que desbloquear proyectos como el de Campo de Montiel o el de Galiñeiro, o hallar alternativas en otros países aliados. Si las autorizaciones siguen atascadas, Europa seguirá dependiente de Beijing para sus imanes y motores, y España habrá dejado escapar la oportunidad de convertirse en referente de la minería del futuro.

La historia de la mayor mina de tierras raras de Europa es, por ahora, una historia de promesas en suspenso. Mientras los campesinos de Campo de Montiel continúan cosechando trigo y aceituna, el subsuelo guarda un recurso estratégico codiciado por industrias y gobiernos. Decidir si se extrae o no ese tesoro definirá no solo el destino de una comarca, sino también el grado de independencia tecnológica y energética de Europa en las próximas décadas.