Berliner Boersenzeitung - Rebelión armada en Bolivia

EUR -
AED 4.092246
AFN 71.314817
ALL 90.501528
AMD 401.301637
ANG 1.994344
AOA 1022.920191
ARS 1711.84927
AUD 1.585025
AWG 2.008512
AZN 1.895726
BAM 1.946772
BBD 2.244562
BDT 138.348425
BGN 1.947595
BHD 0.420764
BIF 3344.410739
BMD 1.114293
BND 1.423742
BOB 13.5127
BRL 6.031332
BSD 1.114467
BTN 105.760345
BWP 15.39715
BYN 3.28278
BYR 21840.13491
BZD 2.241287
CAD 1.556149
CDF 2579.587837
CHF 0.919765
CLF 0.027936
CLP 1103.071727
CNY 7.422407
CNH 7.412748
COP 3538.88186
CRC 506.76585
CUC 1.114293
CUP 26.744973
CVE 109.755529
CZK 24.333139
DJF 198.445077
DKK 7.47355
DOP 67.549173
DZD 151.436341
EGP 62.391186
ERN 16.714389
ETB 179.915621
FJD 2.500138
FKP 0.833098
GBP 0.832594
GEL 2.893919
GGP 0.833098
GHS 12.983142
GIP 0.833098
GMD 82.457794
GNF 9863.260276
GTQ 8.519492
GYD 233.593028
HKD 8.741904
HNL 29.953096
HRK 7.542658
HTG 146.008145
HUF 365.612787
IDR 20238.896448
ILS 3.494555
IMP 0.833098
INR 105.772274
IQD 1689.365762
IRR 2081961.00374
ISK 135.932562
JEP 0.833098
JMD 177.08798
JOD 0.78997
JPY 175.282125
KES 144.802326
KGS 97.443437
KHR 4546.97514
KMF 491.403011
KPW 1002.863295
KRW 1487.101125
KWD 0.346746
KYD 0.928689
KZT 505.286791
LAK 25091.541605
LBP 99795.596297
LKR 370.671056
LRD 189.438949
LSL 18.571576
LTL 3.290216
LVL 0.674024
LYD 7.163747
MAD 10.957337
MDL 19.948209
MGA 5040.804804
MKD 61.295748
MMK 2339.913791
MNT 4009.094653
MOP 9.00492
MRU 45.190059
MUR 52.683444
MVR 17.215966
MWK 1931.992623
MXN 20.956394
MYR 4.522134
MZN 71.214411
NAD 18.571576
NGN 1499.971671
NIO 41.009822
NOK 10.282129
NPR 169.216353
NZD 1.978738
OMR 0.428439
PAB 1.114571
PEN 3.857113
PGK 5.071459
PHP 70.96815
PKR 308.293823
PLN 4.39974
PYG 6528.723801
QAR 4.062361
RON 5.341251
RSD 117.562462
RUB 89.978711
RWF 1645.049131
SAR 4.1835
SBD 8.979199
SCR 15.320754
SDG 670.240715
SEK 10.973609
SGD 1.424684
SHP 0.833864
SLE 25.513028
SLL 23366.163523
SOS 636.855231
SRD 41.919129
STD 23063.607019
STN 24.387671
SVC 9.750782
SYP 14488.032001
SZL 18.566566
THB 37.615184
TJS 10.257793
TMT 3.900024
TND 3.332546
TOP 2.682949
TRY 55.655979
TTD 7.55596
TWD 36.335524
TZS 2943.102851
UAH 50.546411
UGX 4736.185255
USD 1.114293
UYU 44.803836
UZS 13366.494255
VES 988.912173
VND 28752.649038
VUV 132.843138
WST 3.090938
XAF 655.957
XAG 0.022485
XAU 0.000284845446
XCD 3.011432
XCG 2.008386
XDR 0.787863
XOF 655.957
XPF 119.331742
YER 263.196528
ZAR 18.600418
ZMK 10029.970717
ZMW 22.472392
ZWL 358.801762
SSP 6401.832785
MXV 2.3619

Rebelión armada en Bolivia




Bolivia atraviesa uno de los momentos más tensos de su historia reciente. El Gobierno de Rodrigo Paz, que asumió hace seis meses con un discurso conciliador y promesas de estabilidad económica, se enfrenta a un movimiento de protesta creciente. En las últimas semanas, el país ha sido escenario de marchas multitudinarias, bloqueos de carreteras y enfrentamientos en las calles de La Paz y El Alto. Lo que comenzó como una movilización sindical por aumentos salariales y el rechazo a la Ley 1720 terminó convirtiéndose en un desafío directo al Ejecutivo: los manifestantes exigen la renuncia del presidente y algunos grupos han tomado las armas para forzar su salida.

Aparición de grupos armados e irregulares
En medio de la escalada de movilizaciones, videos difundidos en redes sociales muestran a hombres encapuchados en una zona del altiplano de Oruro que marchan en formación y portan fusiles antiguos. Se identifican como indígenas de los ayllus y corean consignas como “ahora sí, guerra civil”. Las autoridades atribuyen estas imágenes a la facción aymara conocida como los Ponchos Rojos, un grupo campesino ligado históricamente a Evo Morales. José Luis Gálvez, portavoz del Gobierno, denunció que algunos de sus líderes instaron a los manifestantes a acudir con “todas las armas posibles” y señaló a Bernabé Gutiérrez Paucara, exfuncionario del Ministerio de Defensa, como la cabeza del llamado “comité de conflicto”.

Los Ponchos Rojos surgieron en la provincia de Omasuyos y se hicieron visibles durante las protestas de 2003. Sus miembros se caracterizan por vestir el tradicional poncho rojo con bordes negros y por portar chicotes como símbolo de autoridad. Durante los años del Movimiento al Socialismo (MAS) fueron un brazo de apoyo al expresidente Morales, aunque analistas bolivianos señalan que no son una milicia centralizada, sino una red de comunidades que se autoconvocan cuando perciben amenazas a sus derechos. La presencia de armas en sus movilizaciones, según el antropólogo Pedro Portugal, se debe más a la tradición de autodefensa con fusiles viejos que a una capacidad bélica moderna.

A los Ponchos Rojos se suman videos de otros grupos que exhiben armas de alto calibre y amenazan con tomar cuarteles. El Ministerio de Defensa advirtió sobre la presencia de “grupos irregulares” en las protestas y prometió actuar dentro de la ley para garantizar la seguridad. Estas imágenes provocaron alarma en La Paz y reavivaron el fantasma del golpe militar de 2024, cuando un sector de las Fuerzas Armadas intentó derrocar al entonces presidente Luis Arce. Sin embargo, en esta ocasión la amenaza no proviene del Ejército sino de organizaciones civiles que combinan reivindicaciones económicas con consignas de guerra.

Un conflicto con raíces económicas y políticas
Las protestas no son un fenómeno aislado. Bolivia arrastra desde 2025 una severa crisis económica. El Gobierno de Rodrigo Paz eliminó los subsidios a los combustibles para estabilizar las finanzas públicas, lo que disparó los precios casi un 90 % y generó malestar entre transportistas, campesinos y trabajadores. También aprobó la polémica Ley 1720, que regulaba el uso de recursos naturales, y una reforma laboral que sectores sindicales consideran regresiva. Aunque el Ejecutivo ofreció bonos para familias vulnerables, aumentó el salario mínimo y derogó parcialmente la norma, el desencanto creció.

A ese contexto se sumó la ruptura dentro del MAS, partido que dominó la política boliviana durante dos décadas. Evo Morales, refugiado en el Chapare para eludir una orden de arresto por un caso de trata de menores, acusa a Luis Arce y a Rodrigo Paz de traicionar las bases populares. Morales promueve la idea de convocar nuevas elecciones y sus seguidores han convertido las protestas en una batalla por el liderazgo de la izquierda. La Central Obrera Boliviana, federaciones campesinas y sindicatos de maestros y mineros se aliaron a las marchas, mientras que otros sectores han pactado con el Gobierno. Las divisiones internas avivaron la sensación de vacío de poder y alimentan la narrativa de un supuesto golpe en marcha.

Enfrentamientos y bloqueo de ciudades
El departamento de La Paz quedó prácticamente aislado durante más de dos semanas debido a los bloqueos de carreteras. Camiones con alimentos, combustible y oxígeno para hospitales quedaron varados, provocando desabastecimiento y la muerte de al menos cuatro personas —entre ellas un niño de doce años— por falta de atención médica. En El Alto, manifestantes cortaron el acceso al aeropuerto y quemaron neumáticos. Las marchas que bajaron a la sede de Gobierno estuvieron integradas por más de diez mil personas y derivaron en choques con la policía: los manifestantes lanzaron dinamitas y petardos; los agentes respondieron con gases lacrimógenos. Hubo saqueos y ataques contra el Tribunal Departamental de Justicia, estaciones del teleférico y comercios privados. Al menos dos periodistas resultaron heridos mientras cubrían los disturbios.

Las fuerzas de seguridad han detenido a decenas de personas y liberado posteriormente a algunas de ellas. El Gobierno se ha resistido a declarar un estado de excepción y ha apostado por el diálogo, aunque ha advertido que no tolerará la violencia. Pese a ello, el discurso oficial endurece su tono: el viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, calificó la marcha de los seguidores de Morales como un “intento conspirativo” y afirmó que los movilizados están librando “una batalla final” para desestabilizar al Ejecutivo. La plaza Murillo, sede de los poderes del Estado, permanece cercada por cordones policiales y barricadas.

¿Golpe de Estado o rebelión social?
La pregunta que recorre los titulares es si Bolivia está frente a un nuevo golpe de Estado. Para muchos analistas, comparar la actual crisis con la asonada militar de 2024 es exagerado. No hay un sector del Ejército sublevado ni un liderazgo claro que aspire a tomar el poder por la fuerza. Sin embargo, la combinación de violencia en las calles, la presencia de grupos armados y los llamamientos a la guerra civil crean un clima de inestabilidad que puede erosionar el orden constitucional. La oposición denuncia un posible “autogolpe” del propio Gobierno para justificar medidas represivas, mientras que el oficialismo responsabiliza a Morales de alentar una insurrección para regresar al Palacio Quemado.

El desenlace de esta crisis dependerá de la capacidad de las partes para negociar. Rodrigo Paz ha recibido el respaldo de gobiernos conservadores de América del Sur y de Estados Unidos, que consideran las protestas una amenaza a la democracia. En contraste, el presidente colombiano, Gustavo Petro, y otros líderes de izquierda han expresado simpatía por los manifestantes, lo que ha generado tensiones diplomáticas. Internamente, la negociación con sindicatos y organizaciones sociales podría aliviar los bloqueos, pero el factor más imprevisible sigue siendo el rol de los grupos armados. Si éstos deciden escalar la confrontación, el riesgo de que la violencia se desborde aumenta.

Por ahora, Bolivia se encuentra atrapada entre el desgaste económico y la pugna política. La acusación de “golpe de Estado” es un reflejo de ese clima polarizado donde cada bando intenta apropiarse de la narrativa. Lo cierto es que el país necesita urgentemente un acuerdo que restablezca la paz social y evite que la rebelión de grupos armados se convierta en una tragedia mayor.