Berliner Boersenzeitung - DOGE: Fracaso en recortar gasto

EUR -
AED 4.227824
AFN 71.94994
ALL 96.103376
AMD 435.501961
ANG 2.060924
AOA 1055.660649
ARS 1606.452903
AUD 1.626742
AWG 2.07362
AZN 1.956564
BAM 1.954911
BBD 2.326412
BDT 141.735547
BGN 1.955433
BHD 0.434638
BIF 3428.866302
BMD 1.151212
BND 1.472492
BOB 7.981371
BRL 6.039283
BSD 1.15504
BTN 106.401615
BWP 15.570446
BYN 3.405337
BYR 22563.745408
BZD 2.323113
CAD 1.569884
CDF 2507.338102
CHF 0.905301
CLF 0.02659
CLP 1049.93964
CNY 7.907708
CNH 7.930034
COP 4262.210923
CRC 544.438235
CUC 1.151212
CUP 30.507105
CVE 110.214881
CZK 24.433256
DJF 205.693783
DKK 7.472099
DOP 70.556077
DZD 152.148432
EGP 60.253955
ERN 17.268173
ETB 180.294732
FJD 2.546998
FKP 0.85891
GBP 0.86243
GEL 3.125572
GGP 0.85891
GHS 12.515309
GIP 0.85891
GMD 84.038597
GNF 10126.131381
GTQ 8.856972
GYD 241.660108
HKD 9.011183
HNL 30.575167
HRK 7.533987
HTG 151.295943
HUF 391.34341
IDR 19487.708279
ILS 3.606412
IMP 0.85891
INR 106.29533
IQD 1513.211885
IRR 1521642.580515
ISK 144.4081
JEP 0.85891
JMD 180.782295
JOD 0.816168
JPY 183.375905
KES 149.185886
KGS 100.673806
KHR 4635.791258
KMF 492.718673
KPW 1036.128565
KRW 1714.660305
KWD 0.353525
KYD 0.962562
KZT 565.40289
LAK 24745.854597
LBP 103438.713226
LKR 359.118255
LRD 211.383876
LSL 19.081906
LTL 3.399228
LVL 0.696356
LYD 7.372551
MAD 10.824678
MDL 20.057792
MGA 4787.677303
MKD 61.61698
MMK 2417.56739
MNT 4109.989794
MOP 9.310836
MRU 45.90293
MUR 52.851896
MVR 17.797619
MWK 2002.928298
MXN 20.519211
MYR 4.52399
MZN 73.558096
NAD 19.081823
NGN 1610.119216
NIO 42.509562
NOK 11.171477
NPR 170.237411
NZD 1.969078
OMR 0.442653
PAB 1.155075
PEN 3.952703
PGK 4.98167
PHP 68.563845
PKR 322.667361
PLN 4.272723
PYG 7478.501798
QAR 4.211285
RON 5.093887
RSD 117.417868
RUB 91.518109
RWF 1688.680752
SAR 4.320098
SBD 9.269164
SCR 17.42246
SDG 691.878215
SEK 10.76807
SGD 1.472175
SHP 0.863707
SLE 28.322724
SLL 24140.324689
SOS 658.980302
SRD 43.016744
STD 23827.753771
STN 24.488545
SVC 10.107404
SYP 127.643268
SZL 19.08674
THB 37.018936
TJS 11.071665
TMT 4.040752
TND 3.395956
TOP 2.771841
TRY 50.872614
TTD 7.838436
TWD 36.797089
TZS 3001.606693
UAH 51.143988
UGX 4324.033698
USD 1.151212
UYU 46.188996
UZS 14017.625653
VES 507.01018
VND 30254.413836
VUV 137.682735
WST 3.124876
XAF 655.638923
XAG 0.013624
XAU 0.000225
XCD 3.111207
XCG 2.081753
XDR 0.815404
XOF 655.650308
XPF 119.331742
YER 274.621525
ZAR 19.305359
ZMK 10362.287109
ZMW 22.437504
ZWL 370.689633

DOGE: Fracaso en recortar gasto




El Departamento de Gasto Eficiente del Gobierno (DOGE), una iniciativa lanzada en 2024 bajo la administración de Donald Trump, prometía revolucionar la gestión fiscal de Estados Unidos recortando gastos innecesarios y optimizando el presupuesto federal. Sin embargo, a más de un año de su creación, DOGE ha sido catalogado como un rotundo fracaso, incapaz de cumplir sus ambiciosos objetivos y generando más críticas que resultados concretos. Este artículo analiza las razones detrás de su ineficacia y el impacto de su desempeño en la economía estadounidense.

DOGE, liderado inicialmente por figuras como Elon Musk y Vivek Ramaswamy, se presentó con la misión de identificar y eliminar gastos federales superfluos, reducir la burocracia y mejorar la eficiencia del gobierno. La propuesta resonó entre quienes abogaban por un gobierno más austero, especialmente tras años de déficits fiscales crecientes. Se estimaba que el gobierno federal gastaría 6.8 billones de dólares en 2024, con un déficit proyectado de 1.9 billones. DOGE prometía ahorros significativos, con metas iniciales de recortar al menos 2 billones en una década.

Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes. Hasta abril de 2025, los recortes verificables atribuidos a DOGE apenas alcanzan los 100 mil millones de dólares, una fracción de lo prometido, y muchos de estos ahorros provienen de ajustes ya planificados antes de su creación. Programas sociales, infraestructura y defensa, que representan la mayor parte del presupuesto, han resultado intocables debido a presiones políticas y necesidades prácticas. Por ejemplo, intentos de reducir fondos para Medicare o el Departamento de Defensa enfrentaron fuerte oposición en el Congreso, limitando el margen de acción de DOGE.

La estructura de DOGE también ha sido un obstáculo. Diseñado como un organismo consultivo sin autoridad ejecutiva directa, depende de la aprobación de otras agencias y del Congreso para implementar cambios. Esta falta de poder real ha frustrado sus esfuerzos, dejando muchas recomendaciones en el limbo. Además, la rotación de personal clave, incluidas las salidas de algunos asesores prominentes, ha mermado su capacidad operativa. La complejidad del presupuesto federal, con miles de partidas entrelazadas, ha demostrado ser un desafío mayor de lo anticipado.

Otro factor crítico es la percepción pública. DOGE fue promocionado como una solución audaz, pero su incapacidad para generar ahorros visibles ha alimentado el escepticismo. Encuestas recientes muestran que solo el 22% de los estadounidenses cree que DOGE ha tenido un impacto positivo, mientras que el 60% lo considera ineficaz. La retórica inicial, que prometía recortes drásticos sin afectar servicios esenciales, resultó insostenible, erosionando la confianza. Las críticas también señalan que DOGE ha desviado atención de reformas fiscales más amplias, como la simplificación del código tributario o el aumento de ingresos.

El contexto económico no ha ayudado. Con una inflación que, aunque moderada en 2025 (alrededor del 2.5%), sigue presionando los costos, y un crecimiento del PIB proyectado en un modesto 1.8%, los márgenes para recortes agresivos son limitados. La deuda nacional, que supera los 34 billones de dólares, exige soluciones integrales más allá de la reducción de gastos. DOGE, sin una estrategia clara para abordar el lado de los ingresos, como impuestos o crecimiento económico, ha quedado atrapado en un enfoque unilateral.

El impacto de DOGE en la política fiscal ha sido mínimo, pero sus consecuencias políticas son notables. La percepción de fracaso ha debilitado la narrativa de eficiencia gubernamental promovida por sus defensores, afectando la credibilidad de iniciativas similares. Algunos analistas argumentan que DOGE podría haber funcionado mejor como una comisión temporal con metas específicas, en lugar de una entidad permanente con expectativas infladas.

Mirando hacia adelante, el futuro de DOGE es incierto. Sin ajustes significativos en su mandato o estructura, es improbable que cumpla sus promesas originales. La experiencia subraya una lección clave: recortar el gasto federal requiere no solo voluntad política, sino también un enfoque práctico y coordinado que DOGE no ha logrado implementar. Mientras el déficit sigue creciendo, Estados Unidos necesita soluciones más robustas para garantizar la sostenibilidad fiscal.