Berliner Boersenzeitung - DOGE: Fracaso en recortar gasto

EUR -
AED 4.227897
AFN 71.941455
ALL 96.142194
AMD 435.664628
ANG 2.060395
AOA 1055.678859
ARS 1606.487992
AUD 1.62654
AWG 2.073656
AZN 1.949564
BAM 1.955641
BBD 2.327311
BDT 141.788488
BGN 1.896822
BHD 0.434659
BIF 3430.176806
BMD 1.151232
BND 1.473061
BOB 7.984352
BRL 6.041158
BSD 1.155506
BTN 106.441358
BWP 15.576735
BYN 3.406623
BYR 22564.137987
BZD 2.324011
CAD 1.570568
CDF 2507.381963
CHF 0.904291
CLF 0.026712
CLP 1054.757873
CNY 7.907779
CNH 7.922349
COP 4255.158956
CRC 544.646317
CUC 1.151232
CUP 30.507636
CVE 110.256048
CZK 24.437763
DJF 205.773293
DKK 7.471837
DOP 70.583043
DZD 152.142208
EGP 60.24821
ERN 17.268473
ETB 180.367556
FJD 2.546466
FKP 0.858925
GBP 0.863021
GEL 3.12562
GGP 0.858925
GHS 12.519983
GIP 0.858925
GMD 84.039699
GNF 10130.045538
GTQ 8.860281
GYD 241.750372
HKD 9.010367
HNL 30.587118
HRK 7.536422
HTG 151.355739
HUF 392.247514
IDR 19457.194334
ILS 3.606475
IMP 0.858925
INR 106.524777
IQD 1513.777094
IRR 1521669.056075
ISK 144.398603
JEP 0.858925
JMD 180.855316
JOD 0.816262
JPY 183.448737
KES 149.23451
KGS 100.675668
KHR 4622.194298
KMF 492.726978
KPW 1036.146593
KRW 1699.655113
KWD 0.353544
KYD 0.962922
KZT 565.614077
LAK 24754.990108
LBP 103477.798495
LKR 359.250832
LRD 211.462831
LSL 19.08895
LTL 3.399288
LVL 0.696368
LYD 7.375305
MAD 10.828721
MDL 20.065371
MGA 4789.548724
MKD 61.639995
MMK 2417.609452
MNT 4110.061302
MOP 9.315244
MRU 45.920474
MUR 52.853257
MVR 17.798291
MWK 2003.711209
MXN 20.563643
MYR 4.520309
MZN 73.576936
NAD 19.08895
NGN 1605.990516
NIO 42.525993
NOK 11.183091
NPR 170.306173
NZD 1.966286
OMR 0.442642
PAB 1.155506
PEN 3.970025
PGK 4.952018
PHP 68.411989
PKR 322.793486
PLN 4.266573
PYG 7481.392575
QAR 4.191922
RON 5.094425
RSD 117.432538
RUB 91.517149
RWF 1689.362838
SAR 4.320131
SBD 9.269325
SCR 16.08079
SDG 691.890526
SEK 10.769784
SGD 1.471389
SHP 0.863722
SLE 28.319361
SLL 24140.748819
SOS 659.246475
SRD 43.01749
STD 23828.168342
STN 24.497692
SVC 10.111179
SYP 127.645489
SZL 19.094201
THB 37.058404
TJS 11.075801
TMT 4.040823
TND 3.362756
TOP 2.77189
TRY 50.820314
TTD 7.841363
TWD 36.698731
TZS 3001.658915
UAH 51.164646
UGX 4325.648795
USD 1.151232
UYU 46.206248
UZS 14022.861465
VES 507.019001
VND 30248.608449
VUV 137.685131
WST 3.12493
XAF 655.895201
XAG 0.01373
XAU 0.000227
XCD 3.111261
XCG 2.082531
XDR 0.815734
XOF 655.903746
XPF 119.331742
YER 274.626303
ZAR 19.33818
ZMK 10362.464165
ZMW 22.445885
ZWL 370.696083

DOGE: Fracaso en recortar gasto




El Departamento de Gasto Eficiente del Gobierno (DOGE), una iniciativa lanzada en 2024 bajo la administración de Donald Trump, prometía revolucionar la gestión fiscal de Estados Unidos recortando gastos innecesarios y optimizando el presupuesto federal. Sin embargo, a más de un año de su creación, DOGE ha sido catalogado como un rotundo fracaso, incapaz de cumplir sus ambiciosos objetivos y generando más críticas que resultados concretos. Este artículo analiza las razones detrás de su ineficacia y el impacto de su desempeño en la economía estadounidense.

DOGE, liderado inicialmente por figuras como Elon Musk y Vivek Ramaswamy, se presentó con la misión de identificar y eliminar gastos federales superfluos, reducir la burocracia y mejorar la eficiencia del gobierno. La propuesta resonó entre quienes abogaban por un gobierno más austero, especialmente tras años de déficits fiscales crecientes. Se estimaba que el gobierno federal gastaría 6.8 billones de dólares en 2024, con un déficit proyectado de 1.9 billones. DOGE prometía ahorros significativos, con metas iniciales de recortar al menos 2 billones en una década.

Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes. Hasta abril de 2025, los recortes verificables atribuidos a DOGE apenas alcanzan los 100 mil millones de dólares, una fracción de lo prometido, y muchos de estos ahorros provienen de ajustes ya planificados antes de su creación. Programas sociales, infraestructura y defensa, que representan la mayor parte del presupuesto, han resultado intocables debido a presiones políticas y necesidades prácticas. Por ejemplo, intentos de reducir fondos para Medicare o el Departamento de Defensa enfrentaron fuerte oposición en el Congreso, limitando el margen de acción de DOGE.

La estructura de DOGE también ha sido un obstáculo. Diseñado como un organismo consultivo sin autoridad ejecutiva directa, depende de la aprobación de otras agencias y del Congreso para implementar cambios. Esta falta de poder real ha frustrado sus esfuerzos, dejando muchas recomendaciones en el limbo. Además, la rotación de personal clave, incluidas las salidas de algunos asesores prominentes, ha mermado su capacidad operativa. La complejidad del presupuesto federal, con miles de partidas entrelazadas, ha demostrado ser un desafío mayor de lo anticipado.

Otro factor crítico es la percepción pública. DOGE fue promocionado como una solución audaz, pero su incapacidad para generar ahorros visibles ha alimentado el escepticismo. Encuestas recientes muestran que solo el 22% de los estadounidenses cree que DOGE ha tenido un impacto positivo, mientras que el 60% lo considera ineficaz. La retórica inicial, que prometía recortes drásticos sin afectar servicios esenciales, resultó insostenible, erosionando la confianza. Las críticas también señalan que DOGE ha desviado atención de reformas fiscales más amplias, como la simplificación del código tributario o el aumento de ingresos.

El contexto económico no ha ayudado. Con una inflación que, aunque moderada en 2025 (alrededor del 2.5%), sigue presionando los costos, y un crecimiento del PIB proyectado en un modesto 1.8%, los márgenes para recortes agresivos son limitados. La deuda nacional, que supera los 34 billones de dólares, exige soluciones integrales más allá de la reducción de gastos. DOGE, sin una estrategia clara para abordar el lado de los ingresos, como impuestos o crecimiento económico, ha quedado atrapado en un enfoque unilateral.

El impacto de DOGE en la política fiscal ha sido mínimo, pero sus consecuencias políticas son notables. La percepción de fracaso ha debilitado la narrativa de eficiencia gubernamental promovida por sus defensores, afectando la credibilidad de iniciativas similares. Algunos analistas argumentan que DOGE podría haber funcionado mejor como una comisión temporal con metas específicas, en lugar de una entidad permanente con expectativas infladas.

Mirando hacia adelante, el futuro de DOGE es incierto. Sin ajustes significativos en su mandato o estructura, es improbable que cumpla sus promesas originales. La experiencia subraya una lección clave: recortar el gasto federal requiere no solo voluntad política, sino también un enfoque práctico y coordinado que DOGE no ha logrado implementar. Mientras el déficit sigue creciendo, Estados Unidos necesita soluciones más robustas para garantizar la sostenibilidad fiscal.